jueves 5 de febrero de 2009












programando en 1947


LITERATURA Y NUEVAS TECNOLOGÍAS
(segunda parte)


Marta Rojzman

Vamos a empezar por definir literatura como un conjunto de textos que forman una tradición. Un conjunto de textos que se enlazan históricamente unos con otros con una manera de producción específica. Producción de significado legible para una comunidad en un momento determinado.

Texto e hipertexto

El conjunto de textos literarios producidos en la época histórica actual está influido o producido directamente en internet. En este caso los textos son hipertextos. Un hipertexto producido o reproducido en la red es un texto con enlaces (links). Estos enlaces remiten a otros hipertextos de contenido también literario, o a fotos, videos, temas musicales o cualquier otro tipo de contenido multimedial.

Autor hipertextual

El autor en la red puede reproducir un texto creado fuera de la red, en el “espacio literario real”, es decir, en el artefacto libro. O puede crear un texto en la misma red, sin anclas “reales”. Tiene a su alcance una gran cantidad de ayudas. En primerísimo lugar, usa el “copy and paste”, corta y pega, con lo cual su filiación, sus precursores a la manera borgeana, se multiplican. Es deudor de autores que pasan a ser anónimos en su escrito. Además de disponer de diccionarios, se multiplican las facilidades de encontrar citas, mapas, autores clásicos, contemporáneos. Le es posible agregar dibujos y músicas que hagan más ameno o más laberíntico su texto.
Puede publicar por entregas como los folletines de Alejandro Dumas.
Se enfrenta con un problema: los derechos de autor en la red. La difusión se amplifica, pero el cobro de los derechos es todavía un tembladeral jurídico.

¿Hay un nuevo estilo literario?

No está del todo formado aún. Pero tiene algunas características reconocibles.
El orden de la narración se ramifica, hay posibilidades de mayor experimentación. Una vez publicado el texto se puede volver a cambiar y corregir ad infinitum. Hay posibilidades de interacción con los lectores.

El ciberlector

El lector contemporáneo que lee directamente de la pantalla a sus autores preferidos tiene la misma velocidad de lectura que siempre, como señaló Ricardo Piglia en su discurso de apertura de la última Feria del Libro. Pero tiene “menor capacidad de aguante”. Los que escribimos para la red sabemos que los textos deben ser cortos o el lector se escapa. Es un lector que posee alfabetismo digital y una computadora a su alcance. Es decir, con todas las letras, es un homo economicus con un ingreso más que medio.
Está acostumbrado a ser un lector salteado a la manera de Macedonio Fernández, señala Piglia en el mismo discurso. Salta de sitio en sitio, de texto en texto, mira fotografías, manda mails, vuelve, escucha música, vuelve al escrito. O a veces no vuelve.
El nuevo lector pertenece a dos tribus: es nativo o inmigrante en la red. Los nativos son los jóvenes, los que crecieron frente a una computadora. Los inmigrantes somos los adultos que llegamos a estar frente a una pantalla cuando estábamos hace tiempo en la edad de la razón. De estos temas hablan con más detalle Alejandro Piscitelli y Nestor García Canclini.


Nuevas formas de edición

Las nuevas tecnologías en el mundo de internet permiten la edición más barata posible. El autor puede ser su propio editor. Esto sucede en las novelas publicadas por entregas en los blogs, de las que ya hablamos.
Todas las formas literarias, desde cuento y novela, poesía y ensayos tienen la posibilidad de publicarse online. Así llegaríamos a un paraíso utópico en el que los pequeños y los pobres se pueden enfrentar a las compañías editoras gigantescas y transnacionales. Todos podemos editar y ser leídos.
La realidad, en este caso, la realidad cibernética, no es tan sencilla ni tan democrática. Los grandes siguen comiéndose a los chicos. La lucha por llevar lectores a las páginas literarias la ganan pocos. O te leen los amigos o posees un tío que trabaja en google.


Librerías digitales y bibliotecas virtuales

Amazon es la super-librería virtual. Los ejemplares se comercializan en todos los idiomas con pagos virtuales, desenvainad las tarjetas de crédito y lo veréis.
Hay otras más pequeñas en otras estructuras comerciales, como por ejemplo, las que se dedican a los ejemplares de segunda mano. Los ejemplares raros, de primera edición, hasta incunables se compran y venden en la red.
Las bibliotecas virtuales tienen como nave insignia, en castellano, a la biblioteca Cervantes. Pero hay muchas y en todos los idiomas. Si uno es de clase media o más, tiene computadora y sus padres lo mandaron a estudiar otros idiomas, puede acceder a ellas. Para este sector de población es un placer acceder con toda facilidad a textos clásicos y modernos.

¿Quién controla la red?

Un poco de paranoia no viene mal en estos casos. ¿Es cierto que cualquiera puede “colgar” una producción literaria o musical? Para publicar, dar a conocer un texto cualquiera es necesario escribirlo y luego tener un lugar, un “sitio” en la red.
El autor depende de estructuras fijas en la red, tales como blogspot, youtube, myspace. Estas estructuras están controladas por los que las generan. O necesita “entrar” en los primeros puestos de los buscadores, si no nadie lo leerá. Para esto hacen falta conocimientos técnicos muy sofisticados o gran poderío económico.
Además, están los controles y censuras políticos de los gobiernos. Hay áreas enteras del planeta a las que no llega internet y cuando llega, está censurada.

Para terminar y hasta la próxima entrega
Invitamos a nuestros distinguidos lectores-papel, los que leen nuestra revista Coartadas “real” a acercarse a nuestro sitio en internet :
revistacoartadas.blogspot.com/
y a los que nos leen en la red a acercarse a la Biblioteca Nacional para recibir sus ejemplares gratuitos en papel.
Marta Rojzman

lunes 19 de enero de 2009

revista coartadas nº 4


SALVADOR DALÍ


La única diferencia entre un loco y yo

es el hecho de que yo no estoy loco.

Salvador Dalí

Alicia Leonor Orlando

Se considera a Dalí como uno de los artistas plásticos más grandes del siglo xx. Sin embargo, en Dalí hay otra zona, desconocida para muchos, la de ser poeta. Vale preguntarse: ¿El poeta Dalí es tan interesante cómo el pintor?

Sin duda. En cada uno de sus poemas encontramos la misma fuerza que en sus obras pictóricas: leyes absolutas e inesperadas, desafíos a la comprensión, búsqueda y descubrimiento de semejanzas diferentes.

Pero vayamos al encuentro del poeta.

En el prólogo de su libro Rostros Ocultos, Dalí escribe: “...han descubierto en mí dotes literarias, superiores a la habilidad que revelo en mis cuadros. El gran Federico García Lorca, predijo que yo estaba destinado al cumplimiento de una misión literaria...”

Efectivamente, en el epistolario de Lorca figura una carta dirigida al editor Salvador Gasch, diciendo: “¡Qué admirable el San Sebastián de Dalí! Es uno de los más intensos poemas que pueden leerse. En este muchacho está, a mi juicio, la mayor gloria de Cataluña eterna.”

¿En qué consiste lo admirable?, en la cercanía de realidades remotas, donde no importa la lógica sino la efectividad poética. Dalí repudia la fórmula estilística, por eso crea imágenes obsesivas y sinuosas, desde donde reitera su desdén por las meras costumbres.

Aun expulsado del surrealismo, Dalí no baja la guardia jamás, continúa viviendo en surrealista, en su manera de actuar, de enunciar las cosas como si fueran sueños. Lo único que Dalí no se perdonaría a sí mismo es pasar inadvertido.

“Los surrealistas no somos artistas en el sentido exacto de la palabra. Ni hombres de ciencia. Somos caviar, y el caviar, creedme, es la extravagancia”.

“Todas las noches, los rascacielos de Nueva York toman las antropomórficas formas de múltiples y gigantescos Angelus de Millet del período terciario, inmóviles y listos para ejecutar el acto sexual y devorarse entre sí, como enjambres de alacranes antes de la cópula. Es el engastado deseo sanguinario lo que les alumbra y hace circular toda su central calefacción y poesía por su ferruginosa osamenta de diplococo vegetal.”

Con esta prosa, como de endecasílabos barrocos, Dalí se expresa para identificar a Nueva York.

Inspirado por la metafísica, los modelos atómicos, por las teorías de Freud y Einstein, admite:”Cuando no entiendo algo, me invento el significado de las palabras. En el lenguaje científico, todas las palabras tienen magia.”

Estas declaraciones revelan un proceso paranoico. Sacar imágenes de la realidad e instalarla en otra. Su personal visión del mundo inventa sucesivas realidades que pueden ser tremendas, halagüeñas o desoladoras.

Georges Hugnet crítico de Le Figaro Littéraire, hace esta síntesis de la poesía de Dalí: “Es tan impresionantemente auténtica que desconcierta a cualquiera. Es una especie de confesión a lo largo de la cual el poeta manifiesta su amor, sus delirios y sus obsesiones.”

PARANOIA

Podría decirse que Dalí amó la realidad sin acatarla y al mismo tiempo la desdeñó, la negó y la transformó con el manejo de imágenes dobles, objetos que, sin la menor modificación figurativa o anatómica, son al mismo tiempo alegorías de objetos absolutamente diferentes.

El Diccionario de la Real Academia Española interpreta la paranoia como enfermedad mental caracterizada por concepciones delirantes sistematizadas, de curso progresivo, con síntomas de egocentrismo y susceptibilidad.

La paranoia ha sido obsesión en Dalí. El mismo, con singular brillantez, describe el proceso delirante sistematizado, de su obra escrita y plástica, en El Mito trágico del Angelus de Millet .

“La paranoia -dice- tiene la permanencia y la dureza analítica del granito. Las arenas movedizas del automatismo y los sueños se desvanecen al despertar. Pero las rocas de la imaginación todavía permanecen”. Su argumento, apoyado por Jacques Lacán, radica en que la paranoia se encuentra en el extremo opuesto de las alucinaciones por su carácter activo y por poseer método y crítica.

Pero, pareciera que a Dalí le fuera difícil diferenciarlas:”No sé cuándo comienzo a simular o cuándo digo la verdad”, declara.

Julian Levy, en su libro Surrealismo, dice que Dalí ha vivido como hermano con la locura, simulando estados de éxtasis con facilidad e imitando la cordura con dificultad.

El poema “Folleto Acunado en Rústica. Cuna Rústica”, muestra tremendas distorsiones, que corroboran lo antedicho:

“Folleto perdura

Al mismo tiempo declinando

Una taza

Una taza portuguesa cualquiera

Que se fabrica hoy

En una fábrica de vajilla

Pues una taza

Se parece por su forma

A una dulce antinomia municipal árabe

Montada al final del alrededor

Como la mirada de la bella Gala

La mirada de mi bella Gala

Olor de litro

Como el tisú epitetal de mi bella Gala

Su tisú epitetal chacarero y lamparista.

Sí, yo lo repetiría mil veces.”

COMESTIBLE

La obsesión más precoz de sus vivencias le viene de la infancia. El placer voluptuoso de comer y ser comido. “No hay nada que Dalí no pueda comer, era mi expresión favorita de esa época” dice.

¿Por qué la fijación? Porque lo comestible es parte del proceso de su inteligencia creadora, los órganos filosóficos del hombre son las mandíbulas, mecanismo reversible y recíproco de transformación del mundo exterior, que se logra mediante el acto de comer y ser comido.

    “¡Oliva!

    que un hambre atávico

    me impulsa a morder

    para comernos hasta el fondo de

    nosotros mismos.”

Tanto en lo poético como en la pintura, Dalí mezcla sus bulimias de sexo, de agresividad, de sodomía, de creencia, de juicio, utilizándolos como herramientas, para capturar lo irracional, mediante la actividad crítica paranoica.

“La sublime ley fundamental de nuestra religión católica, apostólica, romana y rumana, es engullir a Dios vivo.”

¿Delirio caníbal basado en alucinación sensorial/ visual de la hostia?

Con precisión fantástica y sistemática, dice: “El cretino es un poco como los quesos, hay que saberlos tratar muy bien, y como ocurre con el Camembert, saber cuando están a punto de ser utilizados.”

Otras veces da al huevo frito el valor simbólico de su vida uterina, color de fuego, blando, inmóvil, en las arrugas de claras levemente azules.

“...húmeda seguridad

de una alegría recogida...

flota la embebida impresión de un rojo...

quizá un naranja...

que se vuelve azul...

...dulce y blanco color de un lento envolvimiento

en rítmicas pulsaciones

cada flujo empapa

...alimenta...

...respira riega...

irradia

ata de nuevo con enternecedora ternura...

atenta delicadeza...

...de un húmedo complejo donde todo se dulcifica...

Año 0 menos 3 meses.”

Lo comestible puede teñirlo de matiz erótico:

“Dalí come a Gala. Gala come a Dalí.”

Y puede fluctuar entre la vida y la muerte:

“... si yo como con apetito la sardina, es que lo hago en nombre de los muertos. En nombre de los muertos yo la como vorazmente.”

PUTREFACCIóN

San Sebastián, o Santa Objetividad, puede sintetizarse como un texto pictórico que se lee. Pintura que transita mediante palabras. No hay en él privilegio poético sobre la pintura o a la inversa. Bretón, atento a la obra, la califica de “fusión de las dos artes”.

San Sebastián es un largo poema de gran fuerza vital, donde se describe, con afinado ritmo, un cuadro lleno de contrarios, desnudez irónica y elegancia sombría, que el autor estima de “putrefacción”, no con el significado tradicional del término, sino a modo de valor simbólico respecto al romanticismo tardío, sensiblero, cursi y desacreditado. Obra que junto a El Mito Trágico del Angelus de Mollet, son fundamentales para analizar la filosofía daliana, donde se conjuga la exactitud de la mirada con la putrefacción irracional de lo mirado

El poema, pese a lo complicado e inconexo, puede dividirse en una introducción, que se resume en un párrafo: “Ironía es desnudar, es el gimnasta, que se esconde tras el dolor de San Sebastián y es también este dolor, porque se puede contar”.

Contar el dolor del mártir, no de manera patética, contar con ironía, el santo desnudo se transforma en gimnasta. He ahí la realidad delirante.

Luego viene la descripción pictórica-poética-estética de San Sebastián y su agonía, desfile de modernidad, artísticamente enumerada, puro pretexto para una estética objetiva con que Dalí despliega una serie de conocimientos físicos, cibernética, alternancia de baquelita y níquel, Coca cola y arte pop, jugadores de polo, escenas de cine. Por otro lado oscuras larvas pegajosas, fronteras viscerales y putrefactas en el párrafo final:

”Putrefacción: El lado contrario del vidrio de multiplicar a San Sebastián correspondía a la putrefacción. Todo a través de ella era angustia, oscuridad y ternura aún, por la exquisita ausencia de espíritu y naturalidad. Precedido por no sé que versos de Dante, fui viendo el mundo de los putrefactos: los artistas trascendentales y llorosos lejos de toda claridad, cultivadores de todos los géneros, e ignorantes de la exactitud del doble decímetro graduado. Las familias que compran objetos artísticos para el piano, el empleado de obras públicas, el vocal asociado, el catedrático de psicología”

Dalí es conocedor de su tiempo y se cree el salvador del arte moderno, aunque en la esfera consciente es respetuoso de la tradición y de la fe.

CONCLUSIóN

Desde su aparición el surrealismo se desarrolló paralelamente al psicoanálisis, ambos se apoyaron mutuamente y han colaborado en la transformación de los puntos de mira de la cultura contemporánea.

De tal modo entran a jugar los poderes del sueño, como las fuerzas del inconsciente y la rebeldía, originando la elaboración de un nuevo mito, apoyado por la información sociológica, etnológica y de filosofía.

Salvador Dalí, hábil lector,se coloca rápidamente en los primeros planos, cultiva el arte de la provocación y la imagen ambigua, de ahí que las cosas puedan cambiar o transformarse: razón/ locura, percepción/representación, pasado/ futuro, autobiografía/ imaginación, mezclados con inteligencia.

Su exploración del mundo de lo inconsciente, no con fines científicos sino poéticos y pictóricos, es el equivalente literario del método psicoanalítico con poderosa influencia de Freud. Exploración a la que Dalí da un uso notable: introduce lo maravilloso de lo cotidiano, es decir objetos arrancados de un contexto normal y los coloca en otro muy distinto del orden conocido y tradicional, transformando el mundo “putrefacto” en superrealidad “comestible”, contribuyendo así a la metamorfosis de la figuración.

EL AMOR Y LA MEMORIA (fragmento)

Hay cosas inmóviles como un pan

En los sitios amados

pero no amados con exceso

imitamos con rapidez y cortesía

redispuestos a las influencias coloniales

una visera abrumada como un préstamo

estaba

casi

mal puesta

con

ese lugar colonial

donde

había

muchas varillas

departamentales

otras cosas ciertas

cosas indeterminadas departamentales

en función

del pan

el pan bien dorado

parecido al llanto

al llanto

parecido

a la imagen reproducida en tricomía

de un nido

el nido parecido

al verbo-bandera

Llevaré con rabia

condicionalmente

las cosas apuntadas

o no

colonialmente

englobadas

o

no

muy apreciablemente

por un solo borde

o

por distintos conjuntos

o

por una cosa depositada

o

por semi – cosas

o

por cosas dadas vuelta

o

por las ansas

o

por una cosa colocada

cerca de una costura

mamada por las obras por los mendigos

o

por la imagen de mi hermana.



BIBLIOGRAFIA:

Max Gérard: DALI…DALI…DALI… Publicado por Editorial Galaxis, S.A. (1974). España. Impreso en Francia por Draeger, París.

Ignacio Gómez de Liaño: Dalí. Ediciones Polígrafa, S.A. (1982).

Antonio D. Olano: Dalí Secreto. Círculo de lectores Barcelona (1975) Impreso en offset en talleres Gráficos Corolaire. Avellaneda. Argentina( 1976)

Poesía Surrealista. Antología. Ediciones nubla (1977) Argentina.

W. Hess: Dokumente zum verständnis dez modernen Malerei. Publicado por R. Verlag (1956). Traducción J. M. Coco Ferraris. Ediciones Nueva Visión SAIC (1983) Argentina.

viernes 16 de enero de 2009

revista coartadas nº 4

LA REVISTA ON-LINE

DE LA BIBLIOTECA NACIONAL

EL ABANICO

Coartadas”, la revista de los talleres de la Biblioteca Nacional estuvo conversando con Damián Vives, quien junto a Daniel Sorín realizan la revista literaria “El Abanico” representativa de la Biblioteca Nacional: www.abanico.com.ar

Destacó Damián Vives que en “El Abanico” en forma permanente se seleccionan textos de novelistas, narradores y poetas nacionales.

El trabajo sostenido de ambos, nos hace pensar que en la Biblioteca hay un mundo de palabras que nos ayudan a todos a encontrarnos con el misterio y la pasión de la letra escrita, a quienes venimos ligándonos a ella en forma permanente y a quienes recién empiezan.

martes 6 de enero de 2009

revista coartadas nº 4

TALLER DE TEATRO

Coordinador: Rafael Fernández

Este taller viene funcionando desde hace más de tres años y está abierto a todo público adulto con o sin experiencia.

Normalmente, a partir de la predisposición y del nivel de conocimiento de sus integrantes, se implementa una dinámica de trabajo adecuada a dicho grupo.

En general, el taller se desarrolla a través de juegos dramáticos y ejercicios relacionados con la liberación expresiva, la auto-confianza de sus componentes así como también la relajación. El objetivo del taller, en términos globales, tiende a acercar a sus integrantes a la comprensión del teatro desde la práctica y la actuación. También se aborda el estudio de la literatura dramática a través de la lectura y análisis de obras clásicas del teatro Universal.

Julian Howard

Entrevista realizada por J. Braguinsky y J. M. Warijchuk

P: Quisiera que brevemente nos cuentes sobre tu trayectoria teatral.

Howard: Hace 35 años que soy teatrista, fui integrante de “Los Volatineros” grupo teatral que hizo obras tales como el herrero y el diablo, hola Fontanarrosa, Cajamarca, que porquería es el glóbulo. Este año hice unas 6 o 7 puestas en escena, un homenaje a Borges en el edificio de la vieja biblioteca nacional, hice el stand de la biblioteca nacional en la feria del libro, con una propuesta muy osada, ellos me hicieron un planteo y entre el planteo que me hacían ellos y lo que quería yo llegamos a un acuerdo. Aparte hice obras de teatro en Argentina y otros países junto a los volatineros, y actualmente dicto un taller de apreciación teatral en la biblioteca nacional.

P: Antes de entrar en tu metodología dentro del taller supongo que tendrás una larga experiencia como pedagogo.

Howard: Como docente si, soy docente desde el año 1974, fui ayudante de cátedra de Raúl Serrano y fui docente de varias y diferentes cátedras del conservatorio nacional de arte dramático, lo que hoy es el departamento nacional de arte dramático dentro del Instituto Universitario Nacional de Arte (I.U.N.A). Y también enseñé acrobacia porque dentro de las técnicas corporales la que más me interesa para el actor es la acrobacia y he hecho montajes de circo. He hecho varias obras y puede que parezca tonto pero he montado los Power Rangers. He hecho mucho trabajo corporal, llevo una tarea docente de 32,33 años.

P: Supongo que estarás interesado en lo que hoy está en el tapete que es la “Hibridación” con otras artes, como la video poesía, poesía vinculada a la plástica.

Howard: En el 90% de los espectáculos que yo participé o hice fueron en base a materiales que no fueron hechos para teatro. En general pienso que el dramaturgo todavía escribe pensando en un escenario tradicional del teatro y esto no me resulta tan renovador como lo que encuentro en otras formas de la literatura, adapto novelas por ejemplo. Me resulta más movilizador trabajar con novelas ya escritas como el Martín Fierro que es un poema gauchesco que no fue escrito para teatro, y he logrado montarlo en teatro. Este año monté un trabajo con distintas novelas de Manuel Puig o por ejemplo el stand de la biblioteca nacional donde usamos material no dramático, usamos cuentos de Borges o de Cortázar, o de Wernicke o de S. Ocampo o Alrt el astrólogo de los siete locos.

El primer teatro que yo me imagino nada tiene que ver con el teatro antropológico de barba. Yo imagino que la primera representación ocurrió más o menos así un hombre de neanderthal o de cromañon cazó un animal entonces otro hombre de neanderthal o de cromañon le preguntó como lo hizo y este se lo empezó a contar y este se murió de risa y entonces le dijo –vení, vení, contáselo a mi tribu- y así fue como pasó. Entonces para mi la narración dramática es muy importante y esto está resaltado por Brecht, para mi el dramaturgo más importante del siglo pasado.

P: Entonces vos estás diciendo que en el teatro lo central no es el cuerpo sino la narración.

Howard: No, no es así como vos decís para mi el teatro le pertenece al actor no al dramaturgo. Yo admiro a Shakespeare, es enorme yo tengo en casa un libro de él que es mi Biblia, pero él no me sirve de nada si no tengo un buen actor que lo está representando. Yo busco que el actor que lo represente sea orgánico, fiel, cuando Picasso pintó el Guernica, ¿que pintó?, supongo que pintó lo que a le gustó pintar, cuando León Gieco compone una canción ¿Qué compone?, Lo que a él le gusta compone, entonces ¿Por qué el actor no actúa lo que a él le gusta? Yo parto de eso, el actor tiene que hacer lo que a el le gusta. Si vos sos un actor que está trabajando conmigo y haces un “Mercucho”, que surge de vos y que a vos te gusta, entonces ese Mercucho, tiene las siguientes características: 1) único, no hay otra persona que haga Mercucho como lo vas a hacer vos 2) va a ser creativo porque no hay otra persona como vos para hacer Mercucho 3) original. Entonces si yo logro extraer de vos el Mercucho que te gustaría ser van a desaparecer todas las dificultades técnicas. Si vos estás haciendo algo que te gusta te gusta mostrarlo entonces no hay más inhibición. Yo corro por otros caminos que no corre la educación actoral tradicional que descubre tus dificultades y machaca sobre esas dificultades para superarlas, yo no le doy importancia a eso.

P: Más que una suerte de fidelidad al texto es una fidelidad así mismo.

Howard: Exactamente, yo creo que el artista, el creativo, es una persona fiel a sí misma, no importa cual sea el modo imperante o la moda, lo que importa es que el actor sea fiel a él, todo esto parte de que yo creo que el teatro es del actor y del espectador. Yo trato de juntar lo más posible la relación espectador actor. No soy de esos directores que hacen una marca, si el actor me pregunta si se puede parar yo le contesto ¿Y si tenés ganas? Como mi trabajo es muy personalizado estoy muy convencido de lo que tiene el actor que hacer.

P: Ahora vamos a hablar de tu metodología en el taller de la biblioteca nacional.

Howard: Yo soy un docente que a lo largo de mi experiencia fui cambiando y no sé si tengo una metodología muy clara sé que tengo un mecanismo para enseñar. Por eso cuando los directores de la biblioteca me propusieron hacer un taller de teatro, no me llamaba la atención hacerlo como lo hago en otros lados y decidí hacer un taller de formación del espectador porque a los actores los formo y el espectador ¿Por qué no puede ser formado?, yo cuando voy a ver teatro disfruto hasta de los espectáculos malos yo soy un buen espectador, porque no hay en teatro lo que si hay en plástica por ejemplo que es la materia que se llama sensibilidad visual o como en música que hay una materia llamada apreciación musical. Yo no puedo asegurar que tengo una metodología pero sí puedo asegurar que vengo con una propuesta de una mecánica y esa mecánica es muy simple, elijo una obra de teatro, que esté en cartel, entonces buscamos el guión, si no es un libro publicado, yo lo llamo por teléfono al autor, le explico para que es y me lo da.

Entonces vamos leyendo el guión en el taller y junto a todos los alumnos vamos fantaseando con como sería una puesta en escena de ese guión, como una lectura flotante, después vamos a ver el espectáculo que está en cartel con otro bagaje de información, el resultado es que siempre los alumnos me dicen que disfrutan más del teatro, el espectador tiene que gozar del teatro, entonces yo busco darles elementos para que ellos disfruten más.

P: ¿Cómo podríamos ubicar esto que nos contás como critica teatral o análisis de texto?.

Howard: No, no tiene nada que ver, no hacemos un análisis de texto ni una critica teatral, es una lectura flotante la que hace cualquier director de teatro la primera vez que hace una obra, a ver, a mi me dieron hace poco una obra no estrenada de Copy, entonces yo la leí, y al mismo tiempo que la leí iba fantaseando como haría yo una puesta en escena de eso y me fui encontrando con las dificultades y fui encontrando las soluciones, porque al mismo tiempo que leo me doy el permiso de fantasear con eso. Eso es lo que en teatro se denomina lectura flotante. No hago ningún tipo de análisis, yo parto de mis gustos, veo si la obra me gusta o no, si no me gusta no la monto.

P: Yo relacioné lo que vos me decías de la lectura flotante con lo que en poesía se llama escritura automática, donde uno va asociando, jugando con el inconciente, lo que de alguna manera hicieron los surrealistas.

Howard: Absolutamente, yo este año hice trabajos de poeta, que es un ensayo poético de Octavio Paz y se trata de lo que le pasa un poeta cuando trata de escribir, que a veces las ideas no vienen a veces vienen todas juntas, a veces las palabras tienen formas, sonidos, son como unidades es lo que decía James Joyce, alguien que suelta la lapicera y escribe por asociación sonora. Eso le pasó a Octavio paz, que en otros momentos dice que un día eran las 11 de la noche y ya se habían ido todos de la casa y el descubrió que se había fumado el último cigarrillo, entonces buscó por todos lados y no encontró ningún atado, no tuvo más posibilidades que ponerse el abrigo, bajar las escaleras y enfrente de una noche congelada, un frío, neblina y va buscando donde comprar cigarrillos, y los quioscos están cerrados y dice de repente sentí, no sentí, pasó, rauda, la palabra la que estaba buscando, se le vino a la cabeza y la empieza a perseguir y no la ve y entonces la compara con un tiburón que muestra la aleta y se esconde, y lo único que lee es cri, cri ¿Qué?, Cristo, critica, crimea, Cristina, cristal, criterio, cri ¿Qué?, Hasta que finalmente la puede pescar y empieza a describir la palabra dice que se presentan a cualquier hora en cualquier momento, en general vienen de negro, de un negro espeso parecido al humo del carbón, y esa circunstancia permite cópulas, aglutinaciones, enumeraciones, ramificaciones, incestos entre familias de palabras, es muy hermoso, pero es parte de que yo puedo leer eso y que eso puede golpear. Armé un espacio como de cuatro metros de diámetro lleno de bollos de papel, uno de esos cosos grandes de papel que yo pueda arrancar y tirar, y armé como si fuera el sótano de Octavio paz, donde Octavio Paz escribe y le puse el orden que a mí me correspondía no el que O. Paz le dio. A mí me interesa contar lo que puedo contar.

P: En este curso de apreciación teatral, el espectador se transforma en un co-creador del espectáculo.

Howard: No, en algún punto no, es, esencialmente un co creador, al teatro se le puede sacar todo, se le puede sacar: la iluminación, la escenografía, el vestuario, se le puede sacar el escenario, el edificio, el director, todo, lo que no se le puede sacar es, 1) el actor, 2) el visor 3) el receptor de ese mensaje, no es lo mismo que un pintor, Picasso pintó el Guernica, yo lo vi tres veces en mi vida y no estaba él en persona, yo voy a ver películas de actores que ya murieron, puedo, leer libros de autores que ya no están, pero yo no puedo ver teatro si no es en vivo. Es el único arte en ese sentido atemporal. Yo no permito en este taller, que los alumnos me digan es buena o es mala la obra de teatro, no lo permito, eso está muy instalado en el argentino, por ejemplo vos vas a ver una película y salís y decís es mala, y viene otro y dice es buena, y ¿Con qué elementos técnicos decís que es buena o es mala? Vos podés decir me gustó o no me gustó, bueno, sobre gustos no hay nada escrito. La clave es cuánto podemos disfrutar.

P: Para terminar, el espíritu de tu exposición, vos ponés como concepto fundamental el placer.

Howard: Absolutamente, yo camino solamente por los placeres, por eso no creo que pueda hacer una metodología, porque lo que busco son los placeres por lo menos referido al teatro.

P: Howard, te agradecemos muchísimo esta entrevista.

Howard: No, gracias a ustedes

martes 16 de diciembre de 2008

revista coartadas nº 4

Taller de poesía

Coordina: MARIO SAMPAOLESI

Patricia Alonso

VIEJO MUNDO

“... un grueso muro de promesas incumplidas...”

Cae el sol. La mujer saca, del primer cajón del único armario del único cuarto, un tarro de pomada. Unta los zapatos, regalo de un agradecido, y los lustra, como siempre a esa hora. Taco alto. Negros con hebilla plateada. Colorea las mejillas, acomoda con un broche rojo su cabello, negro con rulos. Mira el pequeño espejo cubierto de manchas de humedad, así la piel de los ancianos. Y sale con la cartera de charol colgando de su brazo derecho. Corta los mosaicos en damero, veintitrés negros, veintidós blancos, la rutina es aplacada por los números. Atraviesa el pasillo oscuro. Pierde. Desde hace muchos años pierde en la tómbola de la victoria. Parada, todas las noches sin descanso, en la misma esquina del barrio de Constitución. Con los pulmones negros apoyados en el paredón anestesia las horas. Huele la grasa de los puestos ambulantes. La pollera roja de vinilo también es oferta ligera. El corset rancio levanta sus pechos aún firmes y atrae las miradas famélicas. Las manos atienden pedidos tan reales como las llagas de su garganta. No hay medicinas en las calles donde sopla el viento gélido del sur. Suspira por una casa con flores amarillas y con un niño durmiendo sobre el pecho; mientras, las baldosas rotas salpican los zapatos.



Jonás Braguinsky

La nada entre los dedos

“las manos que se dan no pesan nada”

Paul Eluard

La memoria

es un sueño

suavidades de agua en la mirada

la nada entre los dedos

la arena

es rastro, huella, mensaje

la nada entre los dedos

un segundo, mil años

iguales en la muerte

antes, después

manos abiertas, gracia leve

la nada entre los dedos














Flora Levi

Final 1

Las sábanas blancas

arden en la piel

pustuloso hueso

trincha carne

Afuera hay fiesta

degüellan los pavos

la sangre chorrea

Entre las paredes

el cura lee la Biblia

alguien llora

en un espacio quieto.













Héctor Luanco

      RAGAZZINA

      Ensoñadora

      la mirada se pierde en la ventana

      imagina el viaje

      de su madre niña

      hacia el exilio.

      La barca cruza el mar

      traslúcido,

      acosada

      por el bruto sol del estío.

      La isla volcánica

      -blancas colinas como calvicies plenas-

      invita al descanso.

      La niña pide permiso a su madre:

      en nívea enagua

      trepa hacia lo alto,

      para bajar

      en alocada carrera,

      sumergiéndose en el mar.

      Repuesta del agobio

      sube de nuevo a la barca,

      que parte hacia su destino

      ¿volverá alguna vez a pisar,

      su rocosa tierra siciliana?



Carlos R. Marchese

    Sobretarde

      ¿Será lo eterno?

      el ir y venir de la gente

      por la calle, la estación

      y el viejo edificio de Correos

      la larga sombra de las torres

      y esa hora de la sexta

      en plaza Miserere

      con el muerto

      solo

      en el medio

      Y dentro de todo

      aquello

      la brisa del balcón

      el color de las nubes

      por el oeste

      la oscuridad

      próxima

      tras surcos

      de luz

      La alegría

      el hálito antiguo

      regresa

      Y cerca,

      la felicidad

      acribillada

      aún se arrastra

      gorgotea

      muy cerca nuestro

      como el rumor

      de un río subterráneo

Alicia Leonor Orlando

      ELLA

      a Isabel Merellano

      Ritmo cercano a un roce

      hasta el final

      no indiferente

      a la ventana con luz

      a la ofrenda de mixtura

      de formas en formas de

      varas de zahorí

      espíritus rituales en tu mano

      acabalgada con anillo de peltre

      como en un tiempo antiguo

      sombras visten tu cuerpo

      isabelizan tu perfil

      pura contemplación

      tu mirada que

      salta al otro lado

      donde guardas tus mantras

      des ordenados

      quebrados

      en comas

      entre comas

      fragmentos de tu rostro

      fragmentos de tu mano

      acabalgada con anillo de peltre

      ¿tras que objet trouvé?

      ¿tras que fantasmas?




MMarta Rojzman


COMO UN LEÓN AL MEDIODÍA

ella le dijo que era hermoso como un león al mediodía, le dijo que no le iba a decir cómo le gustaba su olor profundo, enmarañado como la melena al sol. que no le iba a hablar de su decisión de que le hiciera el amor cuando lo vio en el antro palaciego, antes de que él supiera que la iba a tomar por atrás en el desierto, con el rugido orgulloso en las orejas ardidas, que no le iba a hablar de sus entradas y salidas de escena, que no le iba a decir de la isla, del bibelot, de la máquina de hacerle estallar las ideas, de las antiguas poesías calientes, de los colores del deseo más fuerte, más salvaje. no le iba a hablar de los amoremas infinitos, ni de la danza del abismo deleitoso. sólo le iba a contar que en el museo de la diosa embalsamada su abrazo le produjo el estremecimiento incendiario más fuerte de su vida.

Domingo 17 de agosto 2008











María Fernanda Sánchez Barros

      CONFESIONAL

    Quien se limita a contemplar / no tiene hambre,

    no se acuerda de sí, de sus raíces, ha olvidado a su

    madre, se limita a buscar información. Le pasó / lo más terrible:

    no desea”

    Juan Gelman

      La realidad del cielo no es real

      Dijo Miguel Angel.

      Después / antes de Gelman, cuando el amanecer

      entró con el sol por la ventana

      nos contamos sueños.

      -Ni un pajarito nos anunció la madrugada,

      -No hay pajaritos, me dijiste.-

      Es solamente así que te conozco, te reconozco(...)

      y vos me conoces.

      Pienso en el exilio del amor y en su destierro,

      veo la ropa al costado de la cama, guardando la realidad

      de la que somos cómplices sin serlo.

      El deseo es necesidad de cambiar lo contemplado

      -Hasta Salguero

      le dije la otra noche a un taxista

      La cristalinidad

      de tu mano en el pincel

      es implacable.-


Juan Marcelo Warijchuk


La cátedra del macho

En una casa de tatuajes, cayó ese oficinista, motoquero, con toques de maricòn sensible; usa traje oscuro y corbata gris de seda. Ese tipo se hace el metalero scuchando Nightwish y O’ CONNOR, mira los Cariñositos y tiene un bolso de “Hello Kitty”. Él está en ese tugurio que apesta, para hacerse un tatuaje de oso cariñoso, ya tiene uno de los teletubbies en el culo y otro de frutillita en el pecho. Se mira en el espejo, escucha Motorhead en su celular con MP3, y saca fotos de los posters de Megadeth y Iron Maiden. Se enorgullece de sus piercings en los pezones, y se hace el duro, con una agenda de Para Ti. Su único deseo fue ese tatuaje multicolórico, lleno de niñez absurda, de amor de niño desamparado. Después monta su moto y se va hacia el departamento, adornado de orquídeas, rosas blancas, almohadones rosados y paredes con cinta púrpura de empapelar. Él es un pseudomarica; para a comerse diez choripanes sin tomar vino y se va a su casa, donde lo esperan: los sillones fucsia, el acolchado lila y una taza de té.

martes 2 de diciembre de 2008

revista coartadas nº4

TALLER DE NOVELA

Coordina : Mario Goloboff

Gloria Molina

ABDULAH (Fragmento)

Cuando llegué a Barcelona con una maleta de ilusiones a cuestas y un escaso bolsillo, comprendí que la inconmensurable llanura de mi patria había quedado para siempre atrás. Había abandonado también, todos mis afectos y me costaba creer que tal vez por mucho tiempo no los volvería a ver. Debí recurrir más de una vez a realizar aquellos trabajos que los nativos no estaban dispuestos a realizar, porque la necesidad y la desesperación me obligaron. El hambre y la ilegalidad suelen ser malos compañeros y ninguna esperanza menguó, por ese entonces, el desarraigo y la tristeza que me invadieron. Noches enteras de insomnio y pesadillas, compartidas con otros desterrados como yo, que por motivos políticos o económicos, soportando hambre y frío, esperanzados en cambiar el destino, intentábamos en el desamparo de los barrios marginales de Barcelona, fortalecer el espíritu. Había dejado atrás una familia unida y próspera que lloró la ausencia del hijo ausente sin saber que el abrigo y la alegría habían sido reemplazadas por la desnutrición y el llanto. Era aquella más que nada, una desnutrición del alma y si bien el cuerpo no estaba bien alimentado, sobrevivía. Merodeé durante días enteros en la búsqueda constante de caridad y afecto. Visité a algunos conocidos con la esperanza de compartir con ellos una mesa bien servida que me reconfortara un poco. Pero fue inútil. Nadie se dio cuenta que zozobraba y la mano tendida que no sabía pedir limosna, permaneció vacía. Conozco bien la intolerancia y la xenofobia: la he padecido. A veces, abandonaba en manos de Dios mi porvenir, pero no hay como hundirse hasta los tuétanos para bracear desesperado intentando salir a flote y puede más el orgullo que la miseria y el frío. Cuando echo una mirada hacia aquellos años, me recorre el cuerpo un estremecimiento, y a veces, frente a la flama del hogar encendido que ahora calienta mi alma, esa sensación de no entrar en calor, a pesar del abrigo, me vuelve a sacudir por si me hace falta. Sin embargo, pude superar la soledad, porque el exiliado es fraternal y solidario y si alguna vez deba buscar un buen oyente para las penurias de la vida, que aunque sobre el dinero, nunca faltan, sé bien a quien acudir.

Conocí a Abdulah en las ollas populares de los suburbios catalanes, donde el hedor a basura, marihuana y estiércol contaminaban el aire. Aquel chaval que no tenía ni trece años, entumecido por el infortunio se había degradado hasta la prostitución y sin embargo pese a su edad había sido capaz, en un acto de arrojo, de cruzar casi a nado el Mediterráneo sostenido a un cayuco que ya llevaba demasiada gente y que hacia agua por todas partes. Al escuchar sus palabras carentes de toda jactancia, todos los que estábamos allí, enmudecimos de respeto. Desconocía el miedo porque su fe era más fuerte que cualquier otro sentimiento. Y a pesar de un descreimiento feroz en sí mismo, cinco veces al día, extendía una pequeña alfombra que le servía para rezar, y de rodillas clamaba a su Dios, quién sabe que primordiales peticiones. Pero jamás nadie se burló de él, aunque era una costumbre que entre nosotros se practicaba con frecuencia. Al contrario, en las noches de frío, el poco abrigo que había era para Abdulah, y a cambio, con toda devoción y altruismo nos incluía en sus oraciones. Haberlo conocido me enriqueció, me dio las fuerzas necesarias para volver a luchar y me pregunto si no fue su Dios el que me abrió las puertas para que se cumpliera mi destino.

Con mi experiencia a cuestas y el criterio esclarecido no me quedaban más que holgadas ambiciones que llevar a cabo y en eso puse las últimas fichas que me quedaban y me jugué todo para colaborar con el porvenir que venía fructuosamente a mi encuentro. No escatimé ni esfuerzos ni esperanzas, la cuestión era ya no sobrevivir, sino enfrentar la realidad que me devoraba sin remedio y me despojé de aquel disfraz de infortunado que había usado hasta entonces y que a la sazón, comprendí que la gente lejos de entender, lo reprobaba.

Habían pasado diez años desde entonces. No voy a relatar como cambió mi vida, porque sería extenso y no viene al caso. Por aquel tiempo Abdulah vendía el butano envasado con que se calentaban las estufas, por las calles del Barrio Gótico donde yo me había ido a vivir, por un magro salario que apenas le alcanzaba para subsistir. Pero, cuando mis medios me permitieron ayudarlo, lo empleé en el pequeño bar que abrí frente a La Rambla de Les Flors, próximo a La Boquería y que le permitió ahorrar lo suficiente como para instalar una sucursal en Fez, que les permitiría vivir dignamente a su madre y sus hermanos. Aprendió al lado mío los secretos de la buena cocina argentina y del negocio gastronómico, que él sin duda optimizaría, le sobraba inteligencia y aunque nunca había aprendido a leer y escribir, interpretaba bastante bien, cinco idiomas. Pragmático, aprendiz de buscavidas, negociante idóneo, me señaló el camino, muchas veces. Su solidaridad infundió en mí la necesidad de restituir lo que la vida me había dado. Aprendí de él que, aunque uno no consiga hacer realidad los sueños, no todo son reveses y que la amistad trasciende cualquier frontera.

Empeñado en regresar a su tierra no encontró obstáculo que no pudiera salvarse. Dispuso todo para partir para el mes de Ramadán y esa última noche cenamos en mi casa. Los viejos recuerdos nublaron nuestra vista, un dolor sordo enmudeció nuestros corazones y cuando ya no nos quedaban más lágrimas ni risas, se levantó, se quitó un pequeño amuleto que había llevado atado a su cuello y me lo dejó en las manos. Lo acompañé hacia la puerta, nos despedimos con un abrazo que me pareció eterno y verlo partir me dejó un vacío que todavía no he podido llenar. Lo había aprendido a querer como se quiere a un hermano, como se debe querer a un hijo y me pregunté si acaso la vida le pagaría con creces tanto sufrimiento. Y oré, como había orado él por mí, para que Alá lo acompañara en ese largo regreso a casa. Y aunque, desde entonces no lo he vuelto a ver, sé que, a la hora del crepúsculo, cuando irremisiblemente cae la noche, él también piensa en mí.

Pablo Puente

El TUERTO (fragmento)

En este lugar no tener un ojo pasa a ser un mérito, un símbolo de virtud. Los ojos se pierden en pelea y, como una nariz plana, dan fe del coraje mostrado alguna vez.

Con el ojo bueno, único, puede mirar fijo, desafiante, un rato largo. La mirada del observado puede ir y venir simulando entretenerse un tiempo con el humo del cigarrillo, con la botella transpirada, con el cenicero rebalsando de filtros y ceniza, y volver a toparse con la de él, clavada, como de vidrio, brava, inerte, sin expresión, desprovista de todo rasgo de temor o de cualquier otro sentimiento. Entonces, ignorar lo que pasa adentro de esa cabeza no es poco. Da miedo no saberlo. La noche lo hizo así. Seguro. Vivir de noche. Dormir desde que el cielo claro anuncia otra madrugada hasta no tener más sueño. Abrir el ojo de a poco. Levantarse hambriento a disfrutar sin ninguna culpa la comida que no pagó. Tener el inmenso coraje de sobrellevar la existencia como un salvaje más. Andar la oscuridad. Todas las oscuridades, no algunas. Saber cada baldosa, cada cordón, cada rincón misterioso. Pelear cada combate con el odio justo, con el miedo exacto. Aunque siempre lo vi inmóvil, puedo imaginarlo andando en la semipenumbra que resulta del alumbrado público. Bajo estrellas brillantes, incontables; bajo el cielo hecho de plomo que tapa la luna con maldad. Corriendo para cruzar la calle con la ilusión de un refugio seco en la otra vereda, a través de una cortina de lluvia helada de invierno. Puedo imaginarlo peleando. Sacando las manos veloces. Lastimando. Haciendo brotar la sangre rival. Arrancando, por qué no, otro ojo para vengar el que ya no tiene. Dejando, vanidoso y compasivo, huir al contrincante malogrado. No necesita fumar o tomar cerveza o whisky para ser sensual. Le basta su porte guerrero. La cabeza altiva ahora se mueve unos pocos milímetros, décimas de grado, siguiendo con atención módica la bola que marra su destino en la mesa de pool. El partido es malo. La esfera blanca parece ir la mayoría de las veces para donde quiere y, de vez en cuando, hasta se sale de la mesa y rebota por el piso, entre los pies de los parroquianos voluntariosos que la buscan para devolverla a su confín natural.

Uno de los jugadores, enfundado en una campera de motociclista hecha de un cuero que merece ser cuerina, es el innegable campeón del lugar. Hace desfilar a sus rivales que, sin pena ni gloria, van colocando las fichas, que son a la vez comienzo y apuesta mínima del juego. Un boliviano que tiene en la oreja izquierda un aro del que pende una cruz parece estar cerca de prevalecer, pero al final cae como todos. Antes, el desafiante fue un hombre con un brazo muerto y una forma extraña y limitada de tiro, causada por su defecto. —¿Con esa técnica rudimentaria pretenden ganarme? —les pregunta el campeón con sonrisa sobradora, mientras le hace una seña al que sigue para que ponga su ficha. Este es un adolescente de risa fácil y sonora. Tiene puesta una remera que evoca la tapa de uno de los discos de los Redondos con la palabra “oktubre”. Debiera estar en otro lado. Quizás todos debiéramos estar en otro lado. Este lugar no tiene nada de malo, pero tal vez todos debiéramos irnos a uno que tenga algo de bueno. Tal vez. Sin embargo, el chico mira a sus compañeros de noche, que lo doblan en edad —aun el más joven—, con admiración inocultable. Se burla de ellos y otra vez estalla en carcajada solitaria. Es un gesto que afirma su pertenencia al grupo. A este clan de perdidos que distraen sus penas como si la vida fuera una bola negra con un ocho pintado. No es difícil notarlo: casi todas las figuritas de su álbum están acá.

Hay humo y una suma de olores que, combinados, no resultan ser ningún olor.

La Quilmes corre como si fuera gratis, obnubila y ayuda a encontrar algún rasgo sensual en la mesera. Esas cosas que la sobriedad suele negar. Algo muy oculto. Algo que la separa definitivamente de las pasarelas de alta costura y, no obstante, la convierte en la reina de este lugar. Dos prostitutas comparten una charla en otra mesa. Parecen hablar de temas cotidianos. Están pasadas en edad y en kilos para su oficio. Las caras tiene el cansancio no de un día, la jornada aún no comenzó. Es el hastío del tiempo, el agobio de los siglos. La vida les pasó por encima bajo la forma de mil cuerpos de hombres, con la promesa de un futuro mejor que nunca llegó. Conservan la risa estentórea, el rictus de lascivia justa en la mirada; nada más. Viéndolas no se imagina una noche de trabajo agitada. Hay algo de grotesco en su ropa, que no disimula excesos culinarios ni defectos morales y contraría cualquier acepción de la teoría de color. La juventud se fue con una promesa de ahorro que nunca llegó a concretarse. El sueño de la peluquería propia, del almacén o de un mínimo kiosco que asegure bien estar. El tuerto no las mira. Puede olerlas, intuirlas. Son parte del paisaje. No atraen su atención. Una pareja de novios entrelaza sus dedos mientras se mira con deseo y, con la mano libre, comparte una cerveza. No parece haber dinero para mucho más. Escuchan una canción que ella fue a elegir en la máquina para, en el trayecto de ida y vuelta, arrancar miradas más o menos discretas bamboleando las caderas, que parecen esforzarse por vencer la opresión que les impone el jean. Los sobrantes que surgen entre el cinturón y la remera demasiado corta despejan toda duda: ese pantalón no es de su talle. El televisor puesto en alto, sin volumen, muestra una velada boxística transmitida desde Las Vegas. Hay joyas, mafiosos indespeinables, chicas de tapa de Play Boy. Otro mundo. Sobre el ring, un negro neoyorkino y un mejicano parecen dispuestos a arrancarle la cabeza al prójimo. Los músculos se tensan y las miradas están encendidas de odio y ambición. La campana que culmina cada round les llega, indefectible, cada tres minutos, como una molestia. Entonces se sientan en sus rincones y escuchan a los segundos con impaciencia. Indiferentes a cortes y cardenales solo esperan volver a pararse. El minuto de descanso se les representa eterno, sirve para recomponer la respiración pero no interrumpe la furia, más bien la acrecienta. Son tipos duros, parece. Sin embargo, tienen sus dos ojos. Se sabe: la pelea con guantes es un arte menor.

Un patrullero pasa cansado por la calle. La baliza se apaga y se enciende y da una intermitencia azul. Agrega de esta forma un toque de color a las tres dominicanas que esperan. La menor no debe tener quince años, las otras dos son más robustas y de caderas poderosas. El auto policial les pasó justo por enfrente antes de parar en el semáforo, pero es como si no las hubiera notado. Ellas tampoco dieron señales de inquietud. Son las dos de la mañana así que la noche está renaciendo. Me quedan pocos cigarrillos. El Zippo rayado pero eficaz que recibí hace tanto como un regalo me recuerda que un día fui un marido en casa propia, obligado a cortar el césped los sábados, con un perro que me recibía, feliz, al llegar del trabajo. Pretéritas noches familiares que hoy me llegan al recuerdo borrosas, como si las hubiera leído en un cuento de Carver, con detalles que la memoria añade o tergiversa, virtudes de mujer que se agigantan y peleas domésticas que hoy aparecen como incausadas, aunque alguna vez sintiera que me acercaban al homicidio.

El tuerto sigue inmóvil en su sitio que es, por su sola presencia, elevado a la categoría de trono de rey soldado. Su quietud ahora es tan absoluta que destaca el hincharse y deshincharse del cuerpo al respirar.

No conozco su nombre. Puede llamarse Félix, Tobías, Fernández, Marcos. No lo sé. Tampoco necesita ser llamado de alguna forma, porque un llamado es una orden y él no da ni recibe órdenes, como ningún otro gato.

domingo 30 de noviembre de 2008

revista coartadas nº 4

espacio de letras para chicos

Coordinan: María Zimmerman y Noelia capello

La idea de incluir a los chicos en la Biblioteca Nacional se gesta en el Área de Asuntos Comunitarios, por la función social que tiene la literatura. En la formación cultural, este lugar resulta privilegiado para despertar el entusiasmo por los libros. Los ejes son: un taller literario, actividades de lectura con las escuelas o en los barrios, y una biblioteca circulante. Estamos adquiriendo un material interesante de literatura el cual ya circula entre los chicos que vienen al taller. Para los más chicos presentamos “teatro leído”. A partir de esta representación, conversamos sobre los elementos de la ficción y ellos deberán elaborar un cuento o dibujar. Desde el espacio de escritura y literatura invitamos a un grado de una escuela a participar. Y como todo lo que se hace con cariño… aparecen sorpresas que nos encantan – como que una escuela entera se acerque. Los alumnos hacen una recorrida por el edificio y un taller de cuento. Una de las consignas es distribuir muchos libros en las mesas y pedirles que seleccionen uno y observen las ilustraciones de tapa. El hecho de no poder abrirlos les genera curiosidad. Deberán imaginar de qué se trata y redactar una historia, antes de leerlo. El Espacio de Literatura para Chicos se propone acercar a los chicos con los libros, o con las palabras (con las de cada uno). En mi opinión los chicos “de hoy” tienen dificultades para animarse a una redacción, en parte porque son épocas de “crianza tecnológica” lo cual reduce bastante la expresión verbal. Este taller propone que buceen en su fantasía y vuelquen sus ideas por escrito, ayudados por los elementos narrativos que vamos aprendiendo en los encuentros.

CUENTISTAS Y FABULADORES

Cuando me tocó seleccionar qué material pedir a las editoriales, para el Espacio de Literatura para Chicos, me surgió una incógnita. Hay algo que entender, en la crueldad de los cuentos tradicio-nales hechos especialmente para los más pequeños. Actualmente existe una literatura muy diferente, de lo cual me alegro: en los argumentos de las últimas décadas no se pone en juego la vida de un niño o niña, los hermanos no se dan muerte por la herencia, las brujas no guisan chicos ni los gigantes los aplastan, tampoco los reducen el tamaño de un dedo pulgar. Los chicos de los cuentos de ahora la pasan mucho mejor, lo cual tal vez coincida con el discurso de derechos de la niñez… aunque no necesariamente con la realidad. Sin embargo también se puede pensar que al quitar el dramatismo en la literatura, las historias inocuas perdieron atractivo. El escritor Saki, en su libro “Cuentos crueles”, le hace decir a uno de sus personajes, que los niños se aburren cuando personajes buenos, bellos y felices… encima terminan bien. Cuando les leímos algunos “Cuentos Crueles”, los disfrutaron, a pesar de que existe un vecino que mata el gato de unos niños o de que otro chico es castigado con violencia. La diferencia con los viejos cuentos, está en que los niños de Saki logran una venganza sobre estos adultos.

También la fabulación adquiere un sentido liberado de la moralina. En “La ventana abierta”, una muchacha asusta con la historia de una tragedia familiar, a un invitado de la familia. Antes de que la joven le invente esa historia al invitado, se asegura de una cosa: que él no sabe nada de la familia desde hace cuatro años - por eso ubica el episodio como sucedido hace tres. O sea, toma precauciones para que esta fábula pueda ser creída por el hombre que la oye. Y este tema de fabular, de mentir, a mi me parece que esta ligado al tema de la ficción. A medida que nos educan, el talento innato y el gusto por la fábula suelen resultar seriamente dañados. Y al escribir, sentimos que debemos justificar hasta los movimientos más ínfimos del relato... por temor a que nos crean. Los chicos suelen acceder a la fantasía cuando no sienten la obligación de mostrar que son tan sensatos o tal vez cuando tienen algún permiso para mentir.

María Zimmerman


Cynthia (7 años)

      Mariquita estaba sola al jardín del corazón

      Mirando la noche estrellada

      Con cuentos de amor.

      A Mariquita le pareció un poco raro:

      ¿porqué todo estaba en silencio?

      Una estrella brillaba en el cielo.

      Vio la luna blanca más blanca que una estrella

      Una estrella brillaba como el sol

      Mariquita vio que las pequeñitas formaban un cuello largo

      y las grandes, hacían el cuerpo y las alas.

      Mariquita pensó: ¿qué sería?

      Y las miró bien, bien

      Se dio cuenta que era un

      Cisne.

      De repente vio que se prendía una luz

      De un edificio, despacito se fue abriendo

      La puerta, ¡era la mamá de Mariquita!

      Que la llamaba y cuando desayunaban

      Le contaba lo que había pasado con

      Las estrellas.

Fin

jueves 27 de noviembre de 2008

revista coartadas nº 4

TALLER DE CUENTO

Coordinador: VICENTE BATTISTA

Ana Menéndez

La decisión

Bajó del tren y se sentó en uno de los bancos de la estación. Tenía frío pero demasiada pereza para buscar un abrigo. Veía pasar la gente apurada, controlaban sus relojes, casi corrían. Tal vez temerosos de no llegar a horario.

El tren partía. Se quedó mirándolo hasta que desapareció el último vagón. La atravesó un ligero temblor. Se repuso enseguida, lo había meditado bastante, ya no tenía dudas. Encendió un cigarrillo y se entretuvo en seguir el recorrido de las volutas de humo. Parsimoniosas, relajadas. Palpó el dinero que llevaba en el bolsillo. No era demasiado. Recordó la bandeja de sándwiches que había comprado en la última parada. Aún permanecía intacta asomando apenas por el cierre del bolso.

Un hombre se acomodó a su lado y ella hizo el ademán de correrse como quien rechaza cualquier contacto. Él tenía el pelo blanco, vestía un sobretodo gastado y una bufanda atada al cuello. La miró y sonrió. Ella dio vuelta la cabeza. Molesta por la compañía se levantó y empezó a caminar hacia la calle.

Sintió los ojos del anciano que la seguían e imaginó la historia que estaría tejiendo en torno a ella. Se rió. Nadie podía sospechar el lugar que había abandonado ni vislumbrar su decisión. Alguien la empujó al pasar y la hizo trastabillar. Se volvió para insultarlo pero no pudo distinguir quién había sido. Se tragó la bronca como otras tantas veces. Siempre lo mismo. Ella callaba y todo seguía igual. No tan cerca, había dicho él y disparó, levantá los brazos un poco más, sostenete el pelo, así. Casi las mismas poses, idénticos encuadres y el mal humor de siempre.

A pesar de la llovizna decidió caminar antes de tomar un taxi. Le encantaba sentir el agua empapándole el pelo y la ropa. La lluvia se hizo más intensa. Mientras la gente trataba de guarecerse ella se sacó los zapatos y despreocupada continuó el paseo. Otra vez se figuró ojos que la seguían en ese deambular incomprensible. Otra vez rió. Tampoco ellos, como el hombre de la estación, podían figurarse de dónde venía ni hacia dónde iba. Vos sí que hacés un laburo piola y encima ganás buena guita, solían decirle sus amigos.

Había oscurecido y cesado la lluvia pero persistía el frío. Abrió el bolso y sacó una campera. La bandeja de sándwiches se deslizó y la vio hundirse en un charco de agua turbia. Se enfundó en el abrigo dispuesta a no interrumpir el placer de esa libertad sin tiempo. Acaso la lluvia fuera la mejor compañía: no intentaba adivinar, no elucubraba hipótesis, solo persistía en su afán de inundarla.

Después de varias cuadras entró a un bar y pidió un café. Sentada cerca de la ventana se distrajo con el ajetreo del día que terminaba. Sin embargo todavía es temprano, pensó. -A ver, más arriba el mentón ¿Qué te pasa?, concentráte querés, ¿sos o no sos una profesional? Tengo que entregar el material mañana a primera hora. Eso era lo único que importaba.

Esta vez el tiempo no la urgía, más bien estaba disfrutándolo. Como cuando en la infancia podía emplear horas en observar una procesión de hormigas que transportaba su carga. La reconfortó el recuerdo. Pidió otro café y dejó que esos días la invadiesen. La casa de los abuelos escondida entre los eucaliptos, las escapadas a la hora de la siesta. Un palo como bastón y a desafiar el peligro de perderse entre senderos interminables. No tengo que tener miedo, solía pensar, siempre que vea la veleta sabré volver a casa. Y siempre volvía antes de que empezaran a preocuparse. Recordó a un amigo que tenía entonces, un chico menor que ella, de mirada lánguida y bastante extraño. Hablaba muy poco pero cuando se encontraban le llevaba piedras de diferentes formas que ella guardaba como pequeños tesoros. El nunca quiso decirle donde vivía. Siempre lo encontraba en un lugar distinto. Le gustaba lo inesperado de esos encuentros Un día no lo vio más, y al tiempo enterró las piedras en uno de aquellos senderos.

En el bar, fantaseó que lo veía sentado frente a ella. Se oyó contándole la decisión que había tomado. Saboreó el asombro en la cara de él. Trató de imaginar los reproches, aunque jamás él hubiera dicho nada para contradecirla. Lo vio bajar los ojos como tantas veces. Intentó sonreírle con ternura, pero él ya había desaparecido.

Eran más de las once cuando pagó y se fue.

Mirta Morilla

ALACRáN DE TERCIOPELO

          Nos acecha el cristal. Si entre las cuatro

          paredes de la alcoba hay un espejo,

          ya no estoy solo. Hay otro. Hay el reflejo

          que arma en el alba un sigiloso teatro.

Los EspejosJorge L. Borges

Una lámpara de pie con luz tenue, ilumina la habitación. Gabriel, inquieto, da vueltas en la cama. Ya fumó el último cigarrillo del día y bebió el acostumbrado whisky. Como otras veces, empieza a recorrer con la mirada el cuarto elegante y las paredes claras. Cuando su vista se detiene sobre un espejo, en él aparece una hermosa muchacha. Ella camina hacia Gabriel. Hay odio en sus ojos. Ya está a su lado. Saca un puñal del bolso. Lo clava en el pecho del hombre. La sangre brota sin control. La muchacha se vuelve. Su vestido largo de terciopelo negro recuerda la cola siniestra de un alacrán. Corre hasta la puerta. La abre. El alcanza a tomar un revólver. Intenta dispararle. La mujer ha desaparecido.

Con la frente y el cuello empapados de transpiración, Gabriel se incorpora con dificultad. Trata de serenarse. ¡Ya pasaron más de cinco años de aquello!, reflexiona. Le vuelven a la mente imágenes que quiere olvidar. El burdel de aquel pueblo, calles de tierra, casas bajas de chapa con puertas y ventanas entreabiertas donde acechaban siempre ojos sombríos, el prolongado y sangriento tiroteo en el que había matado a El Rubio, el juramento de la mujer del hombre, Mayra, bella, sensual y su furia al saber que Gabriel pertenecía a la policía secreta y el juramento: “Arrojaré tus venas a las llamas del vudú”. Me burlé entonces, recuerda. ¿Qué siento ahora?, se pregunta. Enciende un cigarrillo, intenta dormir, sin lograrlo.

Esa noche Gabriel llega más tarde que de costumbre. Está rendido, se acuesta. Entrecierra los ojos, permanece en una prolongada duermevela. En el salón del hotel, un reloj da las cuatro. La puerta de la habitación se abre lentamente. Gabriel lo advierte. Busca un arma en el cajón de la mesa de luz y la guarda debajo de la almohada. La muchacha vestida de negro entra a la habitación. ¡Sí, es Mayra, no puede ser!, dice para sí, Gabriel. Ella sonríe, se acerca, lo besa en los labios. Luego intenta clavarle su puñal en el pecho. El le dispara varias veces. Ella se retuerce dolorida. Huye y mientras lo hace se transforma en un repulsivo alacrán que se arrastra con la respiración agitada. Su cuerpo convertido en una masa oscura, informe, atraviesa el espejo. Gabriel continúa disparándole. Sobre la superficie brillante hay una grieta enorme, hay olor a muerte.

Gabriel vuelve a tenderse sobre la cama. Suspira aliviado. Por fin duerme, al menos esa noche.

Alicia Leonor Orlando

LA ESPERA

Pedro aceptó el mate de mano de Juan, sin desviar los ojos del camino que se bifurca. Miraba como queriendo ver más allá de la luz que enardecía el horizonte.

—Va para tres meses que no cae ni una gota —dijo.

—Buena falta hace el agua —respondió Juan—. Si sigue así, me voy. Ya se fue el mujerío, los puesteros, hasta las alimañas escaparon, sólo faltamos nosotros.

—Yo no me voy, soy de aquí y aquí me quedo. Con un techo y un pedazo de carne me basta. Irme yo —contestó Pedro.

Juan preguntó si quedarse no significaría aguardar el regreso de alguien.

El -tal vez- no pareció una respuesta, sino una reflexión.

—También, jugarla en una apostura —agregó Juan.

—Fue culpa del mal vino —justificó el otro.

—Lo tengo presente. Aquel hombre era especial. ¿De dónde vendría?

—Del este —contestó Pedro.

En Villa Rincón Viejo no lo habían visto llegar, quizá por esa súbita oscuridad en que cae de pronto la noche. Tampoco habían oído el trote de su caballo. Lo vieron, sí, en el boliche, inclinado sobre el mostrador y lo aceptaron sin preguntas, costumbre de pueblo chico. Y por ser pueblo chico, se fueron entretejiendo hipótesis con más imaginación que verdades y mil y una fantasías.

Mientras el forastero permaneció en Rincón Viejo, todo lo suyo fue juego y mujeres. Tenía la particularidad de ser bien visto por ellas, quizá por la forma de montar el zaino, por algún matiz de su físico, la mirada, la energía del rostro, la encubierta picardía del jugador y del mujeriego, cuyas habilidades peligrosas resultaban simpáticas. Posiblemente porque había andado mucho y narraba aventuras, las más referidas a “hembras”. Cuando jugaba era otra cosa, le salía luz por los ojos y el cigarro se hacía ceniza en la boca. Lo único que permitía, ante la embestida de cada baraja, era el galope de los corazones. Y a pesar de la atmósfera quieta, el delirio llenaba el boliche.

—Era suertudo para el juego, igual que si la recibiera del diablo. Si había carrera de perros, apostaba y ganaba, si riña de gallos, también. Si veía una gallina, era capaz de apostar a cuando iba a poner el huevo- dijo Juan y largó la carcajada.

Pedro había oído hablar del forastero, pero no lo había visto aún. Sabía del jugador que estaba en el pueblo, sabía, que con los dados, había ganado una fortuna al dueño de la gallera. El día que lo topó en el boliche, le bastó mirarlo para encontrar en el otro algo que lo atrajo. Pedro era joven, el gusto por el riesgo lo llevó a proponerle una partida de truco, él sabía hacer lo suyo y bien. Pero nunca pudo olvidar el brillo en los ojos del hombre al decir:

—Si no tiene miedo, venga a buscarme, hay que matar la duda —y vio la seguridad de su mano al arrojar el as de espadas.

—La derrota se me hizo carne- dijo Pedro recordando –Pedí desquite. En lugar de barajas, esta vez será cuadrera, propuso el forastero. Deposité todo lo que me quedaba y hasta lo que no. Tenía fe en mi potrillo.

—Lindo animal —comentó Juan—. Un caballazo con lucero en la frente.

—Y ancas manchadas igual a salpicadura de salitre. De un tirón recorrió más terreno que el pingo del forastero.

—Qué cosa, mancarse al pegar la vuelta —añadió Juan.

—Dicen que los criollos no lloran, lo que es a mí, se me hizo un nudo en la garganta cuando hubo que sacrificarlo. De rabia me mamé fiero.

En el pueblo todos conocían la historia, pero había tantas historias como voces para contarlas. Unos atribuían la acción de Pedro a la embriaguez, otros a que el hombre pensó que el forastero no se atrevería, y los menos, que Pedro se había vuelto loco.

—Ahí nomás exigió la paga. Le di a entender que tendría que esperar. No quiso saber nada. Le ofrecí el rancho, para qué, era hombre de andar de pueblo en pueblo.

—¿Y ganado? Le hubiera ofrecido ganado.

—Lo hice, pero él ya tenía la idea, mi mujer. Ni se bajó del zaino, se agachó no más y con el brazo la alzó en la montura.

—Ella tampoco puso resistencia —dijo Juan.

—No, se dejó llevar —contestó Pedro y el dolor le hizo evocarla— Era linda, con aquel pelo negro, con la piel suave. Si me parece oír el revoloteo de su pollera, el crujir de sus pasos dentro del rancho.

El forastero la había visto en los aprontes de la cuadrera, la estuvo desvistiendo con la mirada, lo vi saborearla de a poquito. Cuando se la llevó sentí retorcérseme las entrañas, sentí necesidad de pelear, de correr tras el ladrón. La borrachera me hizo andar a los tumbos, debí caminar leguas porque el camino se hizo oscuro y regresé. Como un cobarde regresé. Pero al otro día salí de nuevo a buscarlos, anduve con datos falsos. Se hicieron meses, pueblos por los que nunca había andado, pregunté en boliches, chacras, en comisarías, por si acaso hasta fui a un convento. Regresé sin nada y se me fue el gusto como quien dice-

Juan, para romper la tensión, le acercó un mate. Pedro ladeó en sombrero.

—Pucha —dijo—, se me pusieron los ojos ardidos por el humo y eso que no sopla viento.

Hizo sonar la bombilla y agregó:

—A veces se me hace que ha de venir del este.

—¿Quién? —preguntó el otro.

—La lluvia.

martes 18 de noviembre de 2008

revista coartadas nº 4

Taller de Creatividad

De la Palabra a la Imagen:

Coordina: Paula Mujica Láinez


Este taller lo armé para que funcione como disparador de lo creativo. Combino diferentes técnicas donde los integrantes que asisten al curso, juegan con la palabra, las imágenes, armando relatos escritos y narrados. El proceso se realiza a partir de la creación de un personaje que luego se combinará, dentro de una historia, con los personajes creados por otros alumnos. Llegamos aquí trabajando con distintos cuentos que pueden ser leídos, inventados grupal o individualmente. Esta historia o cuento pasa a ser representada por el grupo, es decir, pasa por el cuerpo. En éste tramos del curso investigamos la actuación desde el movimiento.

Luego pasamos a la etapa del dibujo, jugando allí con el color, la forma, etc, para introducirnos en fotografiar la historia, armando una suerte de fotonovela.

La última etapa consiste en registrar (con filmadora o cámara fotográfica digital con opción a filmar), la historia desarrollada. Con esto le damos al curso una continuidad donde cada alumno puede jugar, no sólo creando una historia, sino viendo cómo la misma recorre diferentes espacios artísticos.

En cuanto a los materiales que se utilizan, pueden ser desde los más simples a los más sofisticados, dependiendo de las posibilidades y del interés del grupo, ya que se puede dar el caso de que un grupo quiera profundizar más en alguna de las etapas.

No es necesario que sean escritores, ni actores ni artistas plásticos, ni fotógrafos ni cineastas, tampoco importa la edad. Porque se trata de desbloquear las trabas creativas, soltando la imaginación, dándole la libertad con el permiso que todos tenemos para hacerlo.

Hasta ahora, el taller que estoy dictando en la Biblioteca, es nuevo y sólo hemos trabajado la primer etapa, donde contamos con el armado de distintas historias creadas por los asistentes.

María Pía

JUGANDO CON LA LOCURA

Por la grieta de la pesada puerta de madera vieja, miro al CORONEL CALVO (así se hacia llamar en honor a su pelada),que camina con pasos certeros y automáticos dentro del mezquino cuadrilátero que es su cuarto.

Habla solo, cambia los tonos, se pregunta y se contesta.

Cada seis pasos se detiene: respira hondo. Levanta los brazos y allá en lo alto cruza sus manos…abre su boca y con voz grave casi ronca lanza al espacio frases teñidas con consonantes “RRR”:

“”Los torrentes de remate sin remedio torturan mi ser””

Luego en voz muy baja repite como letanía una y mil veces
la misma frase.

Parado en el ángulo derecho del cuadrilátero retoma su marcha con sus pies planos a cuestas que le pesan.

Se descalza, se sienta, el piso cementado está húmedo. Se recuesta, baja la mirada, suelta sus brazos a los costados.

En el centro del cuadrilátero quedaron sus zapatones punta gastada de goma como TROFEO que sólo él con su propia imaginación saben a que batalla ganada corresponde.


Segundo trabajo

Jugando con el personaje

ibOtí

Ella es indiferente. Me mira sin verme. Pone cara de asco y yo la repito. Así, la copié, la primera vez que se me apareció en la pantalla grande, en ese cine que es mi cabeza. Tiene una cabeza pequeña y unos ojos muy grandes y verdes de ese verde pasto después de la lluvia. Su pelo hace una mueca seca, como un jardín rebelde, intervenido
por un loco.

Ahora su pelo cobra demasiada importancia. En esa cabeza hay apariciones, crecen gomitas elásticas, lanas, hilos y plantas, que se extienden, se estiran, retuercen como las serpientes de la medusa griega. Pero se llama Rita, y trabaja en una panadería de San Telmo, que queda en la calle Perú al 300. (esto lo averigüé en un libro de
Enrique Molina).

Es hija de las formas, se transforma y se deforma cuando está en movimiento. Parece digital. Se vuelve completamente humana cuando se mantiene quieta, lo cual es un gran esfuerzo para ella, porque en movimiento es atemporal, es una constante renovación o versión de sí misma. Pasa de los 20 a los 27, salta a los 58 y retrocede a los 50, genuina parece ser tal su naturaleza que de un tirón va a los 200 años y acepta de regreso 134 años menos.

Mirándola hasta donde puedo ver, parece, que en vez de piel es una cáscara de manzana lo que la recubre. Tiene olor a manzana y si pudiera acercarme este metro ochenta que nos distancia, probaría morderle un hombro a ver como sabe. No habla castellano, bueno, en realidad, no me habla y tampoco puedo concertar donde es que vive. Sonríe, calladamente y se apaga sobre un fondo blanco, cada vez mas blanco, celeste , azul... azul, azulado.


Tercer personaje

Personaje: Charly


      Alto, delgado, languilíneo, un poco andrógino.
      Ojos: normales, de mirada oblicua y penetrante.
      Manos angostas de largos dedos.
      Cabello castaño, lacio. Labios muy marcados. Tez pálida,
      nariz recta. Andar ágil, pero no apresurado.
      Edad: 30 años aproximadamente.
      Vestimenta: excéntrica. Levita y galera color
      rojo-anaranjado, zapatos negros.

Narración de Marta: Denise era una niña de 9 años muy agradable, vestida y peinada de época, estilo algún Luís. Tenía un vestido de seda con faldones, unos zapatos con hebilla y un poquito de taco y unas medias largas blancas. Su cabeza estaba llena de bucles rubios, sus ojos eran claros y muy sonrientes y en general sus facciones eran muy armoniosas.

Mostraba un aspecto muy angelical y se la veía contenta y locuaz, de vez en cuando se le escuchaba una carcajada cantarina.

Terminada la fiesta, que resultó ser la escena de una película, me topé con ella y fuimos caminando al encuentro de su madre.

En el camino se mostró muy dicharachera y pasaba de unos tímidos silencios a una atropellada locuacidad. Pero siempre dentro de un marco afable.

Otra fue la situación que se produjo con su madre. Ella al verla, muy cariñosamente le preguntó por la experiencia. Ante mi asombro Denise se transformó; pasó a contestarle de una manera impertinente y caprichosa. Se transformó, como si hubieran prendido una llave, de una criatura angelical a un verdadero demonio.

Narración de Diana: La nena que se apareció en la imagen tenía más o menos 7 años. Llevaba puesto un vestido blanco que le llegaba a las rodillas y terminaba con puntillas en la falda y en las mangas. Con una cinta en la cintura con un gran moño atrás. Los zapatos eran tipo Guillerminas y también llevaba medias blancas. En su mano derecha tenía una muñeca de trapo con un vestido floreado. Su cabello rubio con rulos grandes en las puntas y un sombrerito blanco. Su rostro era bien rosadito, con una boca pequeña y labios finos. Tenía una nariz chiquita y puntiaguda.

Sus ojos grandes de color azul, las cejas rubias y pestañas arqueadas. Parecía muy simpática, dulce y tímida a la vez con una mirada angelical. Se reía todo el tiempo. Ella me tenía agarrada de la mano. Y a veces cantaba y me miraba como si me invitara a jugar, pero siempre nos manteníamos en el mismo lugar. Parecía muy contenta y feliz.

Narración de Diana: Miguel y Chicha son un matrimonio muy feliz a punto de cumplir 10 años de casados. Tienen una niña llamada Capitu, de 5 años, muy bonita y simpática. La niña tiene de mascota un conejo y un sapito muy travieso que siempre andaba saltando por toda la casa. Para su aniversario de casados, Miguel y Chicha decidieron hacer un viaje a Las Vegas. Dejando a la niña al cuidado de su abuela porque tenía que ir al colegio. Aunque a Capitu no le gustaba la idea. Entonces sus padres le prometieron que le iban a traer muchos regalos.

Al día siguiente, la pareja, empezó a preparar su viaje de luna de miel.

Chicha le comentó a la abuela de la niña que iban a ir a jugar al casino, y ésta le aconsejó que se llevaran al conejo y al sapito para que tengan mucha suerte. Pusieron a las mascotas en unas cajas que llevaban cada uno y emprendieron su viaje. Cuando llegaron a Las Vegas se alojaron en un hotelito bastante lindo y cómodo. Descansaron un buen rato y por la noche se fueron al casino llevando con ellos a las mascotas bien escondidas. Jugaron un largo rato a la ruleta tocando al conejo cada vez que hacían una apuesta, cuando ganaron bastante dinero se fueron a las máquinas tragamonedas.

Estaban jugando muy entusiasmados ya que el conejo y el sapito les estaban dando mucha suerte. Miguel, en un descuido, deja la caja con el sapito en una máquina y éste pega un gran salto que cae al suelo y logra escaparse. La gente del lugar empezó a correr y a gritar para todos lados al ver al sapito saltando por todo el salón. Miguel al darse cuenta de esto empezó a perseguirlo y no lograba atraparlo.

Mientras tanto, Chicha, se quedó en la máquina, escondiendo al conejo. Al rato agarró todo el dinero que habían ganado y salió disimuladamente para que no la descubrieran que ella también tenía al conejo. Esperó a Miguel afuera hasta que pudiera salir.

Adentro todo era un caos. Miguel tratando de atrapar al sapito y la gente corriendo por todos lados. Cuando logró atraparlo la seguridad del casino lo echó del lugar. Se encontró con chicha y se fueron al hotel recordando, con gracia, todo el episodio. El dinero que tenía les alcanzó sólo para unos pocos días, así que le compraron algunos regalos a la niña Capitú y decidieron volver a Bs. As. Cuando llegaron, prometieron no volver a Las Vegas. Por lo menos no con las mascotas de la niña.

jueves 6 de noviembre de 2008

coartadas nº 4

Taller de apreciación integral

ÓPERA PARA TODOS

Coordinador: Enrique Sirvén

De los libros a las óperas

En el primer cuatrimestre de Opera para todos -un taller de apreciación- nos propusimos conocer mejor la inmensa obra verdiana, ¡grande en todo sentido! Entonces elegimos como eje temático el de las óperas patrióticas y políticas, dejando por el momento las más intimistas. El mismo coincide en gran parte con las obras de juventud: Nabucco, Los Lombardos, Ernani, Attila, Macbeth y La batalla de Legnano que vimos en pantalla grande y con subtítulos (menos la última). Con ellas se cierra también la etapa de la unificación de Italia y la expulsión de los invasores extranjeros, el período del Risorgimento, del cual Verdi no fue sólo testigo sino también estímulo permanente, a través de aquellas obras que culminan con los dos grandes dramas políticos de la madurez: Simon Boccanegra y Don Carlos. Además de las cuestiones textuales y musicales de las obras, tratamos de conocer algo de esa rica etapa de la historia italiana. Para ello, entregamos también una reseña a manera de guía de la ópera a considerar, las cuales, generalmente extensas, nos llevaron un par de clases cada una.

La idea del taller es acercar la ópera a todos los que tengan ganas de hacerlo, conozcan o no el género. Perderle el miedo o algún prejuicio acaso si hace falta, también. Hoy más que nunca, es una forma artística que tiene la posiblidad de sacarse de encima el estigma de elitismo que -en todo caso- no le es intrínseco y del cual no nos hacemos cargo porque hemos sido espectadores -de los de pie- en el Teatro Colón. Aquello depende del cómo y -ésta- es una posibilidad de lo más inclusiva posible, asi que...

En el segundo cuatrimestre veremos algo de Puccini, será nuestro homenaje a quien cumpliría el sesquicentenario de su nacimiento (1858-1924). Después, abandonaremos Italia para acercarnos a Rusia, a través de una de las óperas más impactantes de todos los tiempos: Boris Godunoff de Musorgsky, el ambicioso drama que a través de Pushkin nos relata algo no del todo de acuerdo con la historia real de los tiempos posteriores a Iván el terrible, pero que si nos dice mucho del espíritu ruso a través de una epopeya colectiva, donde el protagonista es tanto el pueblo como aquel zar sucesor de Iván, donde también cuentan los personajes populares y el del inocente, tan intransferible. La veremos según una puesta en escena del gran cineasta que fue Andrei Tarkovsky con el placer de entender lo que cantan.

Siguiendo con nuestra consigna de los libros a las Operas, nos adentraremos después en el mundo fantástico que nos propone E.T.A Hoffmann, a partir de algunos de sus cuentos convertidos en la singular ópera que es: Los cuentos de Hoffmannn de Jacques Offenbach, uno de los títulos emblemáticos del repertorio francés, que veremos protagonizado por Plácido Domingo para -más adelante- consensuar alguna propuesta entre todos los concurrentes

CURSO

LAS ÓPERAS PATRIÓTICAS Y POLÍTICAS DE VERDI

ATTILA

Dramma lírico en un prólogo de tres actos de Giuseppe Verdi (1846) con libreto de Temistocle Solera, corregida y completada por Francesco María Piave y Andrea Maffei a partir del drama de Zacharías Werner.

La trama presenta a Attila (bajo), rey de los hunos después de haber matado al padre de Odabella (soprano), señor de Aquileia. Ella espera su revancha, mientras tranquiliza a su enamorado Foresto (tenor) quien conspira junto al general romano Ezio (barítono) para terminar con Attila. El papa León le impide el ingreso a Roma en un episodio que corresponde a la verdad histórica. Odabella impide que Attila sea envenenado por Foresto, porque quiere ser ella la vengadora de su padre. En compensación, Attila le pide la mano. Luego de la celebración de la boda, Odabella cumple su venganza mientras los romanos se lanzan sobre los hunos.

Se trata de una ópera algo despareja, en tanto hay mayor interés en la primera parte en detrimento de la segunda, donde la inspiración tal vez se vio menguada por la deserción del libretista Solera , quien se fue a España, episodio terminal de su relación con Verdi. No obstante, es una obra atractiva siempre que se encuentre un bajo carismático para el protagonista y una soprano vigorosa capaz de afrontar la temible tesitura de su aria inicial. En tanto que, el barítono tiene participación en un dúo con Attila que está entre los mejores momentos de la partitura, aquel en que Ezio le propone a Attila un reparto del mundo, mientras le deje a Italia a él. También la escena del sueño del protagonista y su posterior concreción con la aparición del papa es de gran efecto, teatral y musical. También el descubrimiento de la laguna y la fundación de Venecia tiene una notable descripción instrumental.

MACBETH

Melodramma en cuatro actos. Libreto de Francesco de María Piave con retoque de Andrea Meffei. Primera versión en Florencia 1847, segunda en París 1865, en francés, su traducción en italiano es la habitual.

Primera adaptación musical de Verdi de un drama de Shakespeare a la que consideró hasta entonces como su mejor ópera. Si no toda- casi toda- coincidieron en el juicio tanto público y críticos a partir de su redescubrimiento en los años sesenta del siglo pasado. Desde el preludio se advierte una mayor elaboración instrumental, para decaer bastante la calidad con la intervención de las brujas, por suerte breve. Le basta un dúo para presentar acabadamente las diferencias de los camaradas de armas: Macbeth (barítono) y Banquo (bajo). En tanto que la aparición de Lady Macbeth (soprano) estará siempre rodeada de interés, aún en su primera escena dentro de los límites convencionales de aria y cabaletta. Los concertantes que cierran el primer acto después del regicidio y el del banquete del segundo, son tan atractivos como impactantes. Pero todavía le quedan dos escenas a la soprano, la agregada en la versión de París, la luce langua, modelo de coherencia músico dramática y la escena del sonambulismo, última escena de locura pero esta vez despojada de toda veleidad virtuosística. También Macbeth e incluso Macduff (tenor) antagonista de Macbeth, tienen respectivas y atractivas arias.

LA BATALLA DE LEGNANO (La Battaglia di Legnano)

Tragedia lírica en cuatro actos de Giuseppe Verdi(1849) con libreto de Salvatore Cammarano.

La ópera surgió a partir del deseo de ambos de hacer una obra propagandística, en el sentido de que Italia se uniera y echara definitivamente al invasor austriaco, en primer lugar, el cual dominaba en Venecia y Lombardía. Para ello, Cammarano tomó como modelo La bataille de Toulouse de Joseph Méry, futuro autor también del libreto de Don Carlos. El tema: la derrota del emperador alemán Barbarroja, en la batalla de Legnano, en 1176, por las ciudades italianas reunidas en la Liga Lombarda. Con la certeza de que el público entendería la referencia al presente. A partir de la insurrección generalizada, que comenzó con las cinco jornadas en Milán y otros episodios que culminarán en la efímera república romana, encabezada por Mazzini, marco y lugar del estreno de la ópera en el Teatro Argentino, con la presencia también de Garibaldi y el fervor patriótico creciente que acompañaba las creaciones verdianas desde Nabucco. Sin embargo, la posteridad no ha sido justa con La battaglia di Legnano como ópera, puesto que apenas se conoce fuera de Italia y tampoco en nuestro país.

La trama une hábilmente aquella lucha contra Barbarroja como pretexto, a partir de la amistad primero y rivalidad después, entre el Duque milanés Rolando (barítono) y de Arrigo (Tenor) militar veronés, por causa de Lida (soprano) esposa del primero, pero anterior novia de Arrigo, a quien creyó muerto en la batalla pero que reaparece.

Musicalmente hay también destreza en la alternancia entre los pasajes corales con los de los solistas.

coartadas nº 4

Publicamos esta página en homenaje a Edgardo Molgaray, compañero del Seminario de Narrativa, que ya no está con nosotros.

Edgardo Molgaray

negros

a Silvia Carbone que me dio la idea

Calles empedradas de San Telmo, bajando hacia el río. Los vecinos se asoman al escuchar el redoble de los tambores.

Caras alegres, de negra lujuria alegre convocada por la llamada de los tamboriles.

Estandartes que identifican el barrio, el clan. Hay alguien que los mueve desde arriba, alguien que les permite alegrarse con esa lujuria, alguien que les dio el don mágico de expresar con cierta inocencia lo que para los demás es pecado. Porque es pecado tanto desenfreno, tanto movimiento, tanta animalidad.

Hombres y criaturas. Hombres que son criaturas. Inocentes, ingenuos.

Sólo una mujer que yo veo, que sólo se distingue cuando se mira con las pupilas virtuales de la imaginación. Es, naturalmente negra y baila, salta, se contorsiona, en medio del abigarrado grupo. Y la veo mejor: no hay inocencia, no hay ingenuidad, en los frenéticos movimientos de su pelvis, en los golpes sincopados de las caderas, en el zangolotear desenfrenado de sus pechos.

La huelo. Olor de catinga africana apenas enmascarado por el perfume tenue y barato del jaboncito que la negra usó para lavarse en el agua fría de la tinaja del conventillo. Olor que tiene un mandato atávico liberador de gónadas y que excita. Me invade ese olor y me excita. Sale de la imagen ese olor y me descentra.

Y salta la negra. Salta y cae doblando la cintura, esa cintura que parece de mimbre, esa cintura que grita su funcionalidad, esa cintura que adivino en mis manos, si me animara, si sólo me animara.

Me está mirando y siento que me supera. Que me pasa por encima. Me hace un mohín. Es fea y grotesca, es bella y armoniosa, es sospecha y certeza, la negrita. Cuando pasa a mi lado me sigue mirando, la negrita contradictoria.

Se aleja y estira un brazo que parece tallado por Dios. Y el brazo se mueve como una víbora y me muestra la manzana en la mano-boca. Y me invita a saber, me obliga a saber.

El olor de la negrita, también funcional, me incorpora a la comparsa y se me cae el saco, y la corbata, y los libros, cuando empiezo a saltar. Y le quito la manzana de la mano-boca y la muerdo y la negra muerde después, sólo después.

Y descubro que ya no podré recuperar ni el saco, ni la corbata ni, mucho menos, los libros. Descubro que es justo que así sea y que con el mordisco a la manzana que la negrita me ofrecía fundo mi Tiempo, lo inauguro. Ese mordisco liberador me hace prisionero de otra circunstancia.

Y descubro que ese mordisco era inevitable para transponer la puerta de la Ley que me decía NO, como todas las leyes buenas.

jueves 23 de octubre de 2008

revista coartadas nº 4

SEMINARIO DE NARRATIVA

Coordinador: OSVALDO GALLONE

Borges y Borges

Acaso una página como “Borges y yo” (El hacedor) pueda tener un correlato de índole especulativa y raigambre filosófica, tal vez se pueda trascender la interpretación consagrada por la costumbre que incita a pensar en una inflexible dicotomía: un Borges íntimo que vive para que el otro trame su literatura.

Huelga señalar la importancia que una corriente filosófica como el idealismo tuvo para la obra borgeana. Baste puntualizar textos como “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” o, en colaboración con Bioy Casares, “Esse est percipi”. En estos dos cuentos, la incidencia de las ideas del obispo George Berkeley resulta indiscutible, Berkeley desarrolla en la historia de la filosofía lo que se conoce como “idealismo subjetivo”; le tocará a Fichte (1762-1814) desplegar los presupuestos del “idealismo lógico”.

Fichte, sobresaliente discípulo de Kant, no parte del análisis del contenido de la psique (como lo hace Berkeley) sino de la crítica de los principios que sirven de fundamento a toda ciencia. La proposición “A es A” parece ser el punto de partida desde el cual puede instaurarse un sistema de conocimientos. Pero, Fichte se pregunta: ¿es ése un punto de partida? Se puede admitir que “A es A” sea un juicio, pero, ¿cuál es su sentido? El siguiente: si A es A, entonces es A; pero si A no es, entonces ni es A ni es nada. Es un principio que no asegura la realidad de A, sólo ofrece la forma (meramente exterior, enunciativa) que ha de tener un principio para ser tal. Un principio debe ser un juicio en que junto con la forma ya esté dado el contenido, en que contenido y forma se determinen recíprocamente. Fichte concluye que un principio de tales características sólo puede ser: “Yo soy yo”. No se podría decir –como en “A es A”-: “Yo soy yo, si soy; pero si no soy…”, el yo está afirmado sin condiciones, es el principio del conocimiento de la realidad.

Pero en el “yo soy yo” se puede advertir una reflexión del yo sobre sí mismo, que se desdoble en sujeto y objeto. El filósofo argentino Vicente Fatone (Lógica y teoría del conocimiento, Kapelusz, 8va. ed., 1960, p. 108) acerca un símil esclarecedor: cuando el boxeador pelea con su sombra, la sombra es un contrincante que él mismo crea y, a su vez, ese contrincante es él mismo, gracias a que su yo se proyecta como contrincante puede ir realizándose a sí mismo como pugilista; la sombra no tiene actividad propia, sino prestada, pero sin esa sombra el que la proyecta no podría ser activo.

El yo se opone así al yo, crea su propio obstáculo y experimenta ante él un choque que lo obliga a recogerse, a replegarse, y crear un nuevo obstáculo, y así indefinidamente. Lo que Fichte llama “no yo” es el yo proyectado (la sombra), es un producto del yo. El yo se pone a sí mismo como objeto y se crea un obstáculo para que le sea posible, superando ese obstáculo, realizarse mejor como yo: el yo crea un obstáculo para vencerlo.

Acaso se pueda postular que la filiación idealista de una página como “Borges y yo” derive de la doctrina fichteana y no, meramente, de una escisión entre las esferas privada y pública. En el choque, en la fricción entre esas dos construcciones (Borges y Borges) es donde se genera el impulso necesario para que la identidad se supere a sí misma trascendiéndose (trascendiéndose a partir de una superación, no de una alteridad). Uno no hace sino efectivo al otro, torna en acto (creativo) lo que no llegaría a ser sino potencia (especulativa). No hay separación, sino interacción; una resistencia necesaria para que se ponga en movimiento la dinámica, uno le proporciona al otro el estímulo sin el cual no obraría. No otra cosa es la relación entre el yo y el no yo fichteano.

Borges ha declarado: “Esta página ha tenido mucho éxito. Tanto es así, que en Alemania han publicado –creo que en el Insel Verlag, la Editorial de la Isla- una antología mía, y esa antología se titula Borges und ich (Borges y yo). Tomaron ese título para… título del libro. Y creo que en la contratapa está esta pieza. Traducida al alemán. Y muy bien traducida.” No parece gratuito que en la patria de Fichte una página que mente la dualidad del yo merezca unánime repercusión.

viernes 17 de octubre de 2008

COARTADAS Nº 4

TALLER DE ESCRITURA CREATIVA

PARA JOVENES

Coordina: MARTA BRAIER


La libertad de crear

en el ámbito del Taller de Escritura

Grupo de pertenencia intelectual y afectiva, el Taller destierra el mito de inspiración súbita o aquel del escritor “genio”.No da recetas. No inventa escritores. No instruye saber. Posibilita un nuevo saber. La función del coordinador es acompañar, guiar, ayudar a abrir el imaginario, orientar con lecturas, dar herramientas técnicas para una práctica del quehacer literario con disciplina, rigor formal y libertad en el pensar y en el sentir. Cerrajero de innumerables llaves, el coordinador, abre puertas; ayuda a dar a luz. Hay que atreverse. La escritura es aventura y riesgo. Hundiéndose en el entramado de las intuiciones más hondas, se podrá llegar a lo singular, al estilo que identifica.

Hay que enseñar a esperar, deponer el orgullo y la ansiedad. Escribir y reescribir. Leer con agudeza y saber “leerse”.Cuanto más se lee, mejor se escribe.

El escritor ilumina el caos que la cotidianidad arrastra o el hábito niega. Bienvenida la dignidad del creador que rescata nuestra humanidad esencial y nos devuelve al mundo más blandos, vulnerables.

Marta Braier





Betina Bartol

      La paranoia del sentido

      ha engendrado un espejo real

      que ha liberado al preso.

      Supongamos como Alicia

      Salgamos como el Quijote

      porque todo se pierde.

      No hay mitología

      y la palabra que baila es ausencia

      desaparece del gran relato

      He extraviado mi historia

      Imágenes en palabras,

      círculo en círculo

      espejo en espejo

      ¿pero qué se refleja?

      Eso. ¿Lo viste?

      Palabras en sonido,

      emociones en lápidas de tinta.

      Y el lector detective

      que ataca el texto

      lo ultraja

      lo imagina

      lo comprende

      ¿y él ¿ a qué juega?

      El que busca las frases

      las captura con su red

      salta de historia en historia

      hace malabares

      con la realidad que ruge

      sueños.

Mónica García Jiménez

En las sombras mi alma destella luz buscando un camino hacia mi cuerpo. La pérdida de contacto me agobia, complejo ser inerte. La identidad se confunde. Vuelvo a él como siempre en busca de paz: sus manos.

Es la soledad que se contagia en esta gran ciudad, la falta de sentido que rodea todo como un manto negro. Encontrarme se vuelve adictivo y sin sentido, ahí estoy esperándome para quererme.

Me enloquece la idea de perderme adentro mío como en un laberinto sin salida.

Andrea Ignatti (16años)

      EN EL FONDO DE LOS MARES

      Allí mi alma

      en el fondo del mar

      alejada de mi cuerpo

      Ya nada queda

      más que la soledad

      La carencia del espíritu

      me sumerge en la pena

      sin sentimientos

      ni razón de existir

      Qué será de mí

      si es que algo queda

      No tengo posesiones

      ni nadie que me diga

      no dejes de existir

      Sólo pido piedad por una sombra

      En la profundidad del mar

      estaré

      en busca de lo perdido

      allí mi alma

      alejada de mi cuerpo

Ana Kleiner








    Foto de familia

    Páramo gris

    mas allá del patio.

    La madre en el centro,

    labios apretados.

    Alrededor los niños,

    tomados de su pollera,

    el más pequeño en brazos.

    La ausencia del padre

    se percibe en los rostros de ceniza,

    manos a manos aferradas,

    miradas bajas

    del desamparo.

Oriana Padello


      Saltar la banca

      Money money

      moneditas suenan en los bolsillos,

      money money

      bienvenido al circo del dinero.

      Whisky, mujeres y fichas apuestan.

      la realidad de neón sofoca,

      la vigilia del derroche gobierna.

      Adentro no juega el sol

      no juega el tiempo.

      Ay cash

      Ay clin caja-clin caja y

      ananás, cherrys y sandías corruptas,

      macedonia que rueda sin cesar

      sin ganar.

      Ya no va más.

      Ruleta de valores para desamorados,

      Y una bolilla blanca de paz.







Sofía Paz

Otra vez

Me cansé de esperar con un sonido en mis orejas

Aguardando copa en mano

Y esta cosa indescifrable elevándose en mis venas

Me cansé de esperar

    Rubro 59

    Una habitación oscura y ella sola

    El jazz sacudiéndose en el vinilo

    El licor quemando en su garganta

    Hace frío y las lágrimas duelen

    El reloj que marca las doce

    Sedimento de todo restos de nada

    Alquiló su cuerpo

    Él se ha marchado

Vendió su alma

sábado 11 de octubre de 2008

COARTADAS Nº 4

TALLER DE CUENTO

Coordinador: VICENTE BATTISTA

Ana Menéndez

La decisión

Bajó del tren y se sentó en uno de los bancos de la estación. Tenía frío pero demasiada pereza para buscar un abrigo. Veía pasar la gente apurada, controlaban sus relojes, casi corrían. Tal vez temerosos de no llegar a horario.

El tren partía. Se quedó mirándolo hasta que desapareció el último vagón. La atravesó un ligero temblor. Se repuso enseguida, lo había meditado bastante, ya no tenía dudas. Encendió un cigarrillo y se entretuvo en seguir el recorrido de las volutas de humo. Parsimoniosas, relajadas. Palpó el dinero que llevaba en el bolsillo. No era demasiado. Recordó la bandeja de sándwiches que había comprado en la última parada. Aún permanecía intacta asomando apenas por el cierre del bolso.

Un hombre se acomodó a su lado y ella hizo el ademán de correrse como quien rechaza cualquier contacto. Él tenía el pelo blanco, vestía un sobretodo gastado y una bufanda atada al cuello. La miró y sonrió. Ella dio vuelta la cabeza. Molesta por la compañía se levantó y empezó a caminar hacia la calle.

Sintió los ojos del anciano que la seguían e imaginó la historia que estaría tejiendo en torno a ella. Se rió. Nadie podía sospechar el lugar que había abandonado ni vislumbrar su decisión. Alguien la empujó al pasar y la hizo trastabillar. Se volvió para insultarlo pero no pudo distinguir quién había sido. Se tragó la bronca como otras tantas veces. Siempre lo mismo. Ella callaba y todo seguía igual. No tan cerca, había dicho él y disparó, levantá los brazos un poco más, sostenete el pelo, así. Casi las mismas poses, idénticos encuadres y el mal humor de siempre.

A pesar de la llovizna decidió caminar antes de tomar un taxi. Le encantaba sentir el agua empapándole el pelo y la ropa. La lluvia se hizo más intensa. Mientras la gente trataba de guarecerse ella se sacó los zapatos y despreocupada continuó el paseo. Otra vez se figuró ojos que la seguían en ese deambular incomprensible. Otra vez rió. Tampoco ellos, como el hombre de la estación, podían figurarse de dónde venía ni hacia dónde iba. Vos sí que hacés un laburo piola y encima ganás buena guita, solían decirle sus amigos.

Había oscurecido y cesado la lluvia pero persistía el frío. Abrió el bolso y sacó una campera. La bandeja de sándwiches se deslizó y la vio hundirse en un charco de agua turbia. Se enfundó en el abrigo dispuesta a no interrumpir el placer de esa libertad sin tiempo. Acaso la lluvia fuera la mejor compañía: no intentaba adivinar, no elucubraba hipótesis, solo persistía en su afán de inundarla.

Después de varias cuadras entró a un bar y pidió un café. Sentada cerca de la ventana se distrajo con el ajetreo del día que terminaba. Sin embargo todavía es temprano, pensó. -A ver, más arriba el mentón ¿Qué te pasa?, concentráte querés, ¿sos o no sos una profesional? Tengo que entregar el material mañana a primera hora. Eso era lo único que importaba.

Esta vez el tiempo no la urgía, más bien estaba disfrutándolo. Como cuando en la infancia podía emplear horas en observar una procesión de hormigas que transportaba su carga. La reconfortó el recuerdo. Pidió otro café y dejó que esos días la invadiesen. La casa de los abuelos escondida entre los eucaliptos, las escapadas a la hora de la siesta. Un palo como bastón y a desafiar el peligro de perderse entre senderos interminables. No tengo que tener miedo, solía pensar, siempre que vea la veleta sabré volver a casa. Y siempre volvía antes de que empezaran a preocuparse. Recordó a un amigo que tenía entonces, un chico menor que ella, de mirada lánguida y bastante extraño. Hablaba muy poco pero cuando se encontraban le llevaba piedras de diferentes formas que ella guardaba como pequeños tesoros. El nunca quiso decirle donde vivía. Siempre lo encontraba en un lugar distinto. Le gustaba lo inesperado de esos encuentros Un día no lo vio más, y al tiempo enterró las piedras en uno de aquellos senderos.

En el bar, fantaseó que lo veía sentado frente a ella. Se oyó contándole la decisión que había tomado. Saboreó el asombro en la cara de él. Trató de imaginar los reproches, aunque jamás él hubiera dicho nada para contradecirla. Lo vio bajar los ojos como tantas veces. Intentó sonreírle con ternura, pero él ya había desaparecido.

Eran más de las once cuando pagó y se fue.

jueves 9 de octubre de 2008

revista coartadas nº 4

Clínica de escritura poética

Coordina: Liliana Lukin






Dirigida a escritores inéditos que tengan un libro o proyecto de libro, se propone profundizar en los problemas conceptuales de las propuestas, leer y pensar el proyecto de libro y trabajar en su estructuración.

La Clínica ofrece un espacio de lectura, conversación e intercambios teóricos (poesía, cine, artes plásticas) y un modo de acercamiento a autores y libros que circularán como una videoteca y biblioteca propia: multiplicación de un deseo de escritura, experiencia de nuevas propuestas estéticas.










Williams Anselmo


      Puesta en escena

      Somos los que deben estar

      en el continuo desplegarse de los hechos,

      ese precario ser que plañe cada vez

      que la suerte voltea.

      Tratando de enfocar todo bajo la luz

      de la meditación y la conciencia

      a veces encontramos lo intangible,

      un agua suave y persistente.

      Hasta el maravilloso esfuerzo

      para dar con la tecla de lo que nos subyuga

      ha sido contaminado, y no todos los concurrentes

      se sienten en la obligación de dar cuenta de ello.

      En la escena hay una transformación,

      y es un sacrificio lo que ella significa:

      con pasos inseguros siento el conspirar

      de la escenografía a mis espaldas.




Inés Bianchi

      JUEGO

      las baldosas del vestíbulo

      son negras y blancas

      como un tablero de damas

      y frías aún en verano

      ella lo sabe

      sus guillerminas de cuero

      como fichas de madera

      un pie en la negra otro en la blanca

      hasta que llega a la puerta que se abre

      y la dama sale del juego

      ninguna conciencia

      de la conversación que flota

      como niebla tardía

      ninguna conciencia

      de las palabras sueltas

      las cucharitas suenan sobre la porcelana

      en la tarde de té

      pero ella ha dejado la silla vacía

      un pie en la negra otro en la blanca

      los otolitos caen por el vestíbulo ceroso

      su humor recorre las paredes débiles

      cuando suenan los cuencos

      en re en do en si

      corren a esconderse otra vez

      al que más le temen es al si

      que suena con toda su fuerza

      la oración sagrada de las alturas

      un pie en la negra otro en la blanca

      suenan los cuencos de cuarzo

      urgidos por la oración

      entonces

      ellos se quedan quietos.


Daniela Camozzi

      Estilo

      El antebrazo articula arrugas casi beige,

      manos contraídas que, en su delirio,

      irradian espejismos.

      Hay mudez que incita al apagón,

      días que transcurren

      en puestas en escena baladíes.

      ¿Baladí dije? Es que hay ardor

      en la aureola, en cada minúsculo

      aspecto del acontecimiento.







Laura García Elorrio

      Selección Natural

      Busco padres deslenguados y mancos

      que toquen con friega de lomos,

      prediquen roces con hocico

      y muestren también sus patas enlodadas.

      Que entreguen a bocado la comida

      sin que medie ni el aire alterando

      el puro don sabroso del instinto.

      Busco padres criados por padres sueltos de cumplir,

      que pastaron hojas de la especie

      y reptaron rutas de conservación.

      Brama de padres festejando vigores,

      que inviten a seguir el curso de los ojos

      para hacer cada uno su avistaje.

      Seres postulantes pongan en remojo toda pose:

      aquí el miedo suelta cadena de mordiscos

      cuando intuye abusador en falso blando.










Tania García Olmedo

    uno

    El pasado del junco es

    la sombra de los peces en la

    siesta.

    En la hondonada del pecho

    cae la piedra

    su eco me persigue.

    Ámbar claramente

    de pie y sin armadura

    piedra que late en la mano

    luna que no conoce flores blancas

    todo eso y

    una chalina de pájaros

    durmiendo cuando yo

    muerdo el dedo de tinta.

      Silvia Makler

        Caricia

        Opaco es el tacto del deseo

        una pulsión de terciopelo

        inicia el viaje

        como una gaviota

        lanzada hacia una nave

        ah, ese pájaro roza un secreto

        ese pájaro

        es como un naufrago

        sobre su maderamen

Victoria Palacios

      La seducción de la barbarie

      Altura musical,

      donde el atardecer

      se desvía y me acerca

      a la mínima

      contracción de esa sombra

      en vuelo.

      No es el lenguaje

      una sola aproximación

      de mi intelecto.

      Es el ruido de la papaya

      al abrirse,

      y su dulzura completa,

      la que hace una torsión

      para retenerme

      y expulsarme de lo que soy

      estando.

      Puedo mirar el espacio

      construido desde la curva

      de esta carnadura,

      pero no puedo

      acercar mi mirada

      a la tenacidad de lo arrasado.

      Como la semilla

      al caer en la tierra

      mi palabra, al acomodarse

      en su regazo, baila,

      y al bailar se cuida.


Lucas Serra






      Otoño

      Hay vida más allá del jardín

      sé que se pastan ocultas cosas femeninas.

      Dicen

      que cabros devoran las manos.

      Padre urde sus dientes

      en fundas de terciopelo.

      Se

      sabe

      “hay que servir la mesa

cuando el celo”

martes 9 de septiembre de 2008

Entrevista realizada a Vicente Muleiro por Alicia Digón

Alicia: ¿cuál fue tu primer libro, ese acercamiento tímido al decir escrito, en fin, a la palabra?

Vicente: Fue un primer libro de poesía allá por 1978: “Para alguien en el mundo estamos lejos” yo trabajaba en un diario de pueblo en Santos Lugares. Una deuda de gratitud porque trabajaba mucho y me publicaron el libro.

Alicia: Días pasados te escuché en una charla que diste en Morón y además de ser todo tu intercambio con Alberto Ramponelli, muy interesante, hubo algo que me llamó mucho la atención: ese cruce que hiciste entre poesía, cuento y novela. Incluso ensayo. ¿Podrías ampliar el tema?

Vicente: La madre de todas estas trapisondas es la relación con la palabra y más allá de la relación con la palabra, la relación con la poesía. No me interesan los discursos literarios que no tienen en cuenta la dimensión poética del lenguaje.

Aún en el periodismo que es un código, un código transparente, aún en este caso me interesa que esté conectado con una dimensión poética de la lengua y esto no es una actitud barroca. No me interesa la literatura sin una propuesta de lenguaje

Alicia: ¿En poesía que has publicado?

Vicente: Boleros, Pimienta negra, El árbol de los huérfanos y Milongas de modo tal. Una antología en Costa Rica Y el 7 de octubre se presenta “Ondulaciones” que sale con un CD, un trabajo sobre poesía breve. Casi epigramática.

Alicia: Ahora que hablaste de poesía, algunos escritores que escriben poesía en algún momento de su vida, empezando o finalizando incursionan en la literatura infantil. Que no es nada fácil, se considera un género menor pero no es nada fácil.

Vicente: No, justamente no es nada fácil. Escribí “Don perro de Mendoza” 2003- “Los cachorros de don perro” 2006. Mi acercamiento a la literatura infantil fue un poco por casualidad, estoy en pareja con Silvia Schujer y me invitó a colaborar en unos manuales donde ilustraban cada unidad temática con cuentos. Faltaban cuentos de historia y escribí un personaje que es un perro que viene con Pedro de Mendoza y a partir de ahí hice historias que están fundamentalmente relacionadas con distintos puntos de la historia argentina. En los dos libros para chicos que tengo surgen personajes, niños o animales, y están articulados con distintas temáticas de la historia, con las Invasiones Inglesas, con el Cruce de los Andes con la Declaración de la Independencia, con el Rosismo, con distintos episodios de la historia Argentina.

Alicia: Esto que decís es muy interesante debido a que la historia llega a las escuelas, contada con un discurso reduccionista en el que aparecían los buenos y los malos. Es decir hubo una manera hegemónica de hacer surgir la historia realmente desde quienes “ganaron”, lo cual no deja de ser como formación, unilateral e imprecisa.

Vicente: Exacto, en las últimas décadas hay toda una corriente historiográfica, que rescata la historia no sólo vista desde los grandes transcursos, monumentalistas, mojones, hay escritores, claro, que son insoslayables. Se trata ahora de contar la historia desde otro registro que es desde la vida cotidiana.

También experimentos de variada índole en Europa, el análisis de la vida cotidiana de la Edad Media, disparó en todo Occidente una tendencia a buscar la historia no sólo desde sus protagonistas sino desde lo popular, desde sujetos pacientes. La historia Argentina es lo suficientemente rica y lo suficientemente tensa como para hurgar y crear historias que tienen que ver con el mundo cotidiano dentro de esos grandes transcursos. Uno se detiene en un episodio monumentalista, por ejemplo la Declaración de la Independencia y se puede quedar en lo protocolar y sin embargo hay todo una cotidianeidad que rodean esos episodios históricos. Me interesa esa mirada.

Alicia: Vicente, en la Biblioteca Nacional concurren a sus talleres gente que tiene deseos de escribir, de cualquier edad, y con diferentes objetivos, es decir, ponerse en contacto con la escritura, ¿qué podrías decirle, desde tu experiencia a toda esta gente, que tiene como deseo conquistar, ponerse en contacto, seducir, en fin estar cerca de la palabra escrita?

Vicente: En cualquier caso -y voy a hacer la salvedad ya que no me gusta mucho dar consejos- ¿no? Porque tengo una visión de que es muy difícil sacar reglas generales, sobre todo en la relación, en el modo de entrarle a la materia, cada uno le entra desde su historia, la subjetividad pesa mucho, la manera de organizar la cotidianeidad.

Sin embargo si algo me interesa decir es: Ajustar todo lo posible la relación con la palabra en un ejercicio cotidiano o por lo menos lo más frecuente posible, porque a veces la vida no te lo permite. A mí eso me lo dio el periodismo, la obligatoriedad de estar todos los días cerca de la palabra. En mi caso vivir de la palabra es un modo de manutención. Tampoco llegué a la idea de que si no se escribe todos los días no se escribe bien. Pero no creo en los impulsos. Nada se hace fuera de la dimensión de lo cotidiano. Un contacto lo más frecuente con el mundo creativo de la palabra. Sólo de ese modo se hace posible salir del bombardeo de los mensajes que nos envuelven todos los días y a los que uno está sometido conciente o inconcientemente.

Preservar ese espacio de intimidad. Preservarnos. Con otro creador o con el esfuerzo de uno, de que salga la palabra de escribir, es una manera también de pelearle a ese permanente llamado que tenemos. Tratar de no ser absorbidos por el mensaje externo. Es una manera de personalizarse.

En síntesis, un contacto lo más frecuente posible. Si es cotidiano mejor.

Alicia: Vicente, incursionaste en todos los géneros discursivos: poesía, cuento, cuento infantil, ensayo, justamente hay un excelente ensayo que realizaste con María Seoane, al respecto ¿crees que el cuento tiene una estructura, un discurso definido o bien hay en el cuento, licencias, registros diversos?

Vicente: ya la historia del cuento demuestra que hay una diversidad de estructuras. Inclusive hay excelentes cuentos sin núcleos. Los hay cuento que piden estructuras abiertas. Pienso que cada uno se relaciona con el estilo discursivo que más se adapte a su subjetividad. Lo articulo, lo pongo en juego, junto a la poesía. Es un género, un modo discursivo que parece ajustado pero que da libertades.

Alicia: Vicente, una última pregunta y vamos cerrando, ¿vivís de la literatura?

Vicente: Yo vivo del periodismo. Vivo del trabajo con la palabra. Tengo un trabajo profesional, en un diario profesional. Y bueno, me parece una buena combinación esto de trabajar en los medios y escribir.

Alicia: La tecnología, los blogs, ¿van a sustituir?...(no me dejó finalizar). Fue tan rápido como la luz en su respuesta –apreciación de quien pregunta-

Vicente: Mirá a mi me parece que el papel tiene una nobleza irremplazable. El invento del libro como elemento de soporte de lectura , es tan noble como la rueda.

Puede, si, tener reformulaciones, pero va a resistir muchos embates. Ha habido ya muchos sepultureros del libro. Hay gente que le tira certificado de defunción. Ya cuando yo tenía quince años ya había quienes hablaban de la muerte del libro y ya ves……..

Alicia: ¿Algún escritor vivo? ¿Algún escritor muerto? Te pregunto esto en momentos en que se da una crisis de reconocimiento de “padres” de “referentes” como si fuésemos huérfanos de historia. ¿Podrías mencionar algunos? Ya que no sucede esto con los escritores interesantes, lo cual me parece sinceramente que es tu caso.

Vicente:Es muy interesante lo que decís en este sentido: hay una operación de que cada uno cuando da su canon, pone dos muertos y un tipo que esté en otro lado, más o menos muy lejos (risa conjunta de quien pregunta y de quien responde) de modo tal de que nadie le haga sombras.

Nombran a Puig que murió, a Piglia, que casi siempre está afuera y en el medio queda él, en este caso yo (aclara que es una broma y sigue).

En la Argentina es imposible no nombrar escritores vivos. Hay muy buenos. afortunadamente y las camadas se renuevan. Hay excelentes poetas como Jorge Boccanera, María del Carmen Colombo, como la cordobesa María Teresa Andruetto. Inclusive narradores interesantes como Pedro Mairal.

Está vivo un poeta como Gelman, como Hugo Padeletti.

Discursos muy potentes que están circulando entre nosotros y me parece un tremendo temor personal y un tremendo prejuicio existencial “no saber” que esos discursos están circulando entre nosotros.

Alicia:¿Y algún referente importante?

Vicente: Importante no, importantísimo, Osvaldo Gallone.



miércoles 12 de diciembre de 2007

Concurso literario MANUEL MUJICA LAINEZ
de la Municipalidad de San Isidro

Dos de los integrantes de nuestro consejo de redacción, Marta Rojzman y Mariel Schmiegelow, participaron en el jurado de selección de este concurso; podemos ver aquí más detalles:
http://www.sanisidro.gov.ar/es/nota.vnc?id=1316
El ganador del primer premio fue Juan Pablo Gómez con su cuento "El hijo".

miércoles 31 de octubre de 2007

GOMBROWICZ CONTRA LOS POETAS




GOMBROWICZ CONTRA LOS POETAS

por Marta Rojzman

“Pero ya que emprendo la lucha contra un campo particularmente ensalzado, casi celestial, debo cuidar de no elevarme yo mismo como un globo y de no perder la tierra firme bajo mis pies.”

Así comienza Witold Gombrowicz su ensayo contra la falsa poesía, con la conciencia de la repulsa que podría suscitar en el ambiente literario y advertido del peligro de perder contacto con la realidad de la producción literaria. La tesis de su ensayo es que “el mundo de la poesía en verso es un mundo ficticio y falseado”. Y que, además, tiene pocos lectores y que a “casi nadie le gustan los versos”.[1]

Witold, por su parte, declara en tono solemne que le aburren las expresiones de “la poesía pura, sobre todo cuando aparecen en forma rimada”. Pero no acepta que lo acusen de falta de sensibilidad poética, porque se declara sensible a la poesía que aparece en los textos de Shakespeare o Dostoyevski. También lo emociona la poesía de la naturaleza, expresada en una bella puesta de sol.

Afirma que “el lenguaje de los poetas se me antoja el menos interesante de todos los lenguajes posibles”, de esta manera, se establece en el territorio mismo de la literatura, en la materia propia de la poesía, en el lenguaje.

En este punto, Gombrowicz la emprende contra una de sus permanentes obsesiones, el campo de la “madurez”, de lo que tiene una “forma” y que se opone a lo no formado, lo joven, lo que está en proceso. “Este reino de la aparente madurez constituye justamente el más inmaduro terreno de la humanidad, donde reina el bluff, la mistificación; el esnobismo, la falsedad y la tontería.”

Explica que en el arte contemporáneo es posible todo. El, que es un iconoclasta sistemático, arremete contra algunos excesos experimentales en el arte. Se puede armar un falso concierto con la ayuda de algunos críticos amigos, dedicarse a aporrear el piano y declararlo una excelsa expresión de música contemporánea el publico snob le aceptó, de hecho, los dos “conciertos” que organizó. Dice que al mismo procedimiento recurren algunos poetas. Gombrowicz ha realizado un “experimento”. Combinó frases sueltas, palabras sin sentido y así armó poemas que atribuyó a Paul Valéry, ante un público entusiasta, fanático del “poeta”. Nadie se dio cuenta de la superchería.

Con el coraje que le proporciona este “experimento”, el polaco llega a algunas conclusiones. El público degustador de la “poesía pura” es ignorante y capaz de aceptar cualquier cosa. Los llamados poetas excelsos, en realidad son charlatanes que hilvanan palabras sin ton ni son.

El autor de Ferdydurke se solaza en la siguiente pregunta, con la sonrisa canalla que vemos en alguna de sus fotos, ¿por qué no me gusta la poesía pura? Contesta con satisfacción que no le gusta por la misma razón que no le gusta el azúcar puro, es demasiado dulce, es demasiado sublime.

En la poesía pura, versificada, el exceso cansa: el exceso de palabras poéticas, el exceso de metáforas, el exceso de sublimación, el exceso, por fin, de la condensación y de la depuración de todo elemento antipoético, lo cual hace que los versos se parezcan a un producto químico.”

Gombrowicz describe la formación histórica de este desaguisado, lo que al comienzo fue una excepción en el discurso, con el correr de los siglos se ha transformado en una profesión, la profesión de cantor que adopta poses que se volvieron rígidas y solemnes. El poeta ya no puede expresarse a si mismo “porque tiene que expresar el Verso”. Toda forma fijada se transforma en un posible empobrecimiento, la Forma que a él lo aterroriza, nos transforma en sus esclavos. El poeta ya no canta, sólo adopta la pose del cantor.

Si queremos que la cultura no pierda todo contacto con el ser humano, debemos interrumpir de vez en cuando nuestra laboriosa creación y comprobar si lo que creamos nos expresa.” Gombrowicz nos advierte que hay dos tipos de humanismo. El primero es peligroso, nos obliga a prosternarnos ante las creaciones excelsas y petrificadas en una Forma, tales como la Poesía, o cualquiera de las artes o instituciones, el Estado, por ejemplo. Estas Formas nos alejan de lo esencial y se transforman en árbitros de lo que se debe sentir y apreciar. Señala que los poetas son proclives, más que otros artistas, a caer en estos espejismos falsos. “La Poesía así planteada se convierte sencillamente en una celebración gratuita”. Y los poetas se transforman en falsos profetas de una religión congelada que nos aleja de la realidad en proceso de cambio continuo.

El verdadero artista debe expresarse a sí mismo, pero también debe estar en contacto con el mundo que lo rodea. Existe un momento en la historia de la poesía en que los poetas dejaron de hablar al mundo y se encerraron entre ellos, en un cenáculo en que los bardos se leen entre sí, se aplauden entre sí. Mientras tanto se despegan del común de las gentes, se vuelven no inteligibles y se solazan en experimentos lingüísticos absurdos. Nadie los entiende, pero tampoco buscan ser entendidos.

“En los poetas irrita no sólo esa religiosidad suya, no compensada por nada, esa entrega absoluta a la Poesía, sino también su política de avestruz en relación con la realidad: porque ellos se defienden de la realidad, no quieren verla ni reconocerla, se abandonan expresamente a un estado de ofuscamiento que no es fuerza, sino debilidad.” Caen en el hermetismo, se ubican en un círculo cerrado.

Gombrowicz no pretende que se “rebaje” la altura del lenguaje, sostiene que un espíritu refinado tiene una forma de expresión acorde. Pero el poeta no debe olvidar que fuera de “su mundillo existen otros mundos”. Debe abandonar la actitud altanera del artista superior al vulgo.

El poeta tiene que tener el valor de enfrentarse con los no – poetas , con el otro, con el enemigo. El peligro radica en permanecer siempre en contacto con los amigos, con los que tiene el aplauso asegurado.

A partir del momento en que los poetas perdieron de vista al ser humano concreto para fijar la mirada en la Poesía abstracta, ya nada pudo frenarlos en la pendiente que conducía directamente al precipicio del absurdo.” La poesía dejó de expresar la experiencia humana directa para revolcarse en el lodazal de la dicha por la palabra vacía, por la forma experimental. No es ya “la creación de un hombre para otro hombre, sino un rito celebrado ante un altar”.

Los ajedrecistas, dice nuestro especialista en ajedrez en los altos de la confitería Rex, también tienen su mundillo, pero no pretenden hacer de su experiencia algo universal. Por otra parte, Gombrowicz señala que esta infatuación de los poetas ha invadido también el campo de los prosistas, ahora también hay que tolerar la grandilocuencia de algunas prosas poéticas. En el campo de la poesía ocurren también algunas polémicas que se consideran de gran importancia, como el caso de la discusión sobre las asonancias, pero que en realidad a nadie interesan.

Otra cuestión que llama la atención del polaco es la proliferación del número de poetas. Le causa gracia verlos a todos juntos en manada, reunidos en sus peculiares congresos y autoalabarse en “recitales, concursos y manifiestos”. Le resulta ridícula otra costumbre, la de expresar en lenguaje poético hasta una gacetilla de invitación a un evento cualquiera, a cualquier reunión de ilustres que se van a aplaudir entre ellos. El éxito que parece rodear a estos plumíferos, la multiplicidad de ediciones, la formación de un público adicto que no entiende nada en realidad, pero que lo oculta cuidadosamente para no ser tachado de inculto, todo esto es falso. Es una religión que ha petrificado sus ritos.

Vitriólico ataque, pero sincero. El ensayo contra los poetas lo publica Gombrowicz en primer lugar en la revista “Ciclón”. Esta revista es obra del esfuerzo de Virgilio Piñera, poeta cubano, que acomete la empresa editorial con la colaboración y mecenazgo de Rodríguez Feo,” Ciclón “ ve la luz en la imprenta de la librería Tomás Pando en la calle Viamonte en Buenos Aires, por los años cincuenta.

Por otra parte, Gombrowicz considera la existencia de otra forma de poesía, la que deriva de la juventud contrapuesta a lo rígido y momificado de la vejez. Dice de sí mismo en la edad madura: “ Mis mejillas han perdido su frescura. Vejete, antipoético y rigidizado, ya nunca inspiraré poemas.”

A su juicio existe lo poético sólo en lo que está en crecimiento, lo joven que se está desarrollando, carece de poesía lo que está formado, la temida Forma, fuente de anquilosamiento y ridículo.

LA NEGACIÓN DE LO QUE AFIRMA MI INTERLOCUTOR

Gombrowicz dice de si mismo que es un espíritu afecto a la contradicción con lo establecido y, de todas las formas posibles, inclasificable.

"Yo no idolatro la poesía, yo no soy excesivamente progresista ni moderno, yo no soy un intelectual típico, yo no soy ni nacionalista ni católico, ni comunista ni hombre de derecha, yo no venero ni a la ciencia, ni al arte ni a Marx, ¿Qué soy yo entonces?, la mayoría de las veces soy simplemente la negación de todo lo que afirma mi interlocutor".

Sin pretensión de análisis exhaustivo, y para poner en contexto la diatriba contra los poetas, vamos a enumerar una pequeña muestra de la gran cantidad de cosas que al polaco le resultaban intragables.

Es conocida la aversión mutua que se profesaban Witoldo (como lo llamaban sus amigos de aquí) y el establishment literario. Por ejemplo, Borges y Victoria Ocampo, la directora de Sur y protectora de tantos hombres de la cultura, menos el desafiante Gombrowicz.

Citamos de su Diario, "Borges y yo somos opuestos. El se halla enraizado en la literatura, y yo en la vida. Yo soy, a decir verdad, antiliterario.” "Si logré alcanzar cierto renombre en Argentina no fue tanto en mi calidad de autor como por ser el único escritor extranjero que no había acudido en peregrinación al salón de la señora (Victoria) Ocampo".

El polaco también la emprende contra la psiquiatría y el psicoanálisis. “¡Psicoanálisis! ¡Diagnóstico! ¡Fórmula! Mordería la mano del psiquiatra que pretendiese destriparme privándome de mi vida interior; no se trata de que el artista no tenga complejos, sino de que sepa transformar el complejo en un valor de cultura.”

También se pone en la vereda de enfrente con sus amigos de la Argentina con respecto a su homosexualidad. Le escribe a Juan Carlos Gomez desde Berlín en 1963:

“Mi estimado Goma:

Su última me procuró cierto disgusto. Primero lo de la homosexualidad y de la inmundicia. ¡Qué homosexualidad y qué inmundicia! Sépalo, yo no soy ni nunca he sido un homosexual, sino que de vez en cuando suelo hacerlo cuando se me da la gana.

Soy persona sencilla y, sobre todo en materia erótica, mi maestro es el pueblo que muy felizmente desconoce totalmente la terrible homosexualidad y se acuesta con quien puede y como puede.

GOMBROWICZ, REBELDE CON CAUSA

Vamos a internarnos en una muy escueta bio-bibliografía del polaco para intentar entender el porqué de sus muchas diatribas contra todo poder formalizado y el particular rictus de disgusto en las fotografías hacia el final de su vida, cuando parecía que lo tenía todo: éxito literario en Europa, dinero y una bella esposa más de treinta años menor que él, Rita Labrosse.

Witold Gombrowicz llega a la Argentina en 1939, en el viaje inaugural del buque Chroby Tiene 35 años y no sabe una sola palabra de español. En Varsovia ya había publicado, con escasa repercusión, Ferdydurke, en 1937. Cuentos incluidos en Memorias de la inmadurez que años más tarde reeditaría con el nombre de Bakakaï (en homenaje a la calle Bacacay, de Buenos Aires), un folletín, Los hechizados y el drama Ivonne, princesa de Borgoña.

En Buenos Aires la editorial Argos publica Ferdydurke en 1947. Es producto de una muy laboriosa traducción, que merece un estudio en sí misma. Fue elaborada por el equipo de amigos de Witoldo en el primer piso del bar Rex, de la avenida Corrientes. El equipo de traductores, que no sabían polaco, trabaja junto con Gombrowicz, que no domina del todo el castellano aún... Una maravillosa quijotada comandada por el cubano Virgilio Piñera, nombrado por el autor “primer ferdydurkista de América”.

Después se suceden más cuidadas y menos épicas traducciones en todos los idiomas.

Luego publica en Buenos Aires también El casamiento, Transatlántico y Pornografía o la seducción.

Vive en Buenos Aires casi en la miseria, en cuartos de pensión, en doloroso paralelo con Macedonio Fernandez, hasta que consigue un empleo en el Banco polaco, en el que sufre 7 años. Se lo pasa escribiendo y gana muy poco. Pasa una temporada en Tandil y otra, de dos meses apenas, en Santiago del Estero y realiza viajes al norte de la Argentina y a Uruguay.

En 1957 publica el primer volumen de su Diario en Kultura, revista literaria polaca en París. Hasta que, 24 años después de haber desembarcado, vuelve a Europa. Primero a Berlín, con una beca de la Fundación Ford en 1963. Ya está casado con Rita, y luego, por razones de salud, se radica en Vence, Francia, hasta el año de su muerte en 1969. Allí debemos recordar a su vecino, antes corresponsal, el también enfant terrible, el artista múltiple, Jean Dubuffet.

En 1964 publica la novela Cosmos y termina la obra de teatro Opereta. En 1967 recibe el premio internacional de literatura Formentor. Ya es ampliamente reconocido y publicado en toda Europa. Acepta este reconocimiento tardío con toda naturalidad, cree merecerlo desde hace mucho. Dicta conferencias y en 1968 mantiene las conversaciones con Dominique de Roux, que se publican bajo el nombre de Testamento.

Ya en sus últimos años padece intensos ataques de asma y episodios cardiovasculares graves.

El polaco sufre y goza de una vida trashumante. Se pelea con todo y todos, pero es muy amigo de sus amigos, a su áspera manera. Todos sus amigos son más jóvenes que él, no soporta a los viejos, a los dueños de la Forma; y no se soporta a sí mismo en su vejez. En realidad, aspira a estar “forrado de niño”, como su Filifor, “el príncipe de los Sintéticos”. No puede respirar, literalmente, el aire de la Europa que, ahora si, lo reconoce y aplaude. Como es aplaudido por los críticos actuales, que siempre conservan un escondido temor a ser víctimas de algún “desenfrenamiento pernal,” a que nuestro Gombrowicz, desde su parnaso presente, los confunda con los “buenos peones” , preste poca atención a las teorías y arremeta contra sus “cuculeítos”.








[1] El texto completo del ensayo de Gombrowicz puede consultarse en:

http://www.willaldea.com.ar/revista/numero-2/Gombrowicz.htm (consultado el 8 de noviembre de 2005)


domingo 7 de octubre de 2007


DER ZERBROCHEN GESCHENK

(EL REGALO ROTO)

Leonardo Pereyra

TACO Y PUNTA, GOTA A GOTA, LENTAMENTE Y CON CUIDADO ENTRE DECENAS DE VACAS QUE ULULAN Y SE QUEJAN CON SUS TETAS DE CAMPANA ROTA DE IGLESIA ABANDONADA, UN PASO TRAS OTRO PARA NO DERRAMAR LA COPA DE SANGRE TIBIA, EL VERBO ESPERA EL NOMBRE (¡UNA COPA TAN INSIGNIFICANTE QUEDARÍA PRECIOSA EN LA VITRINA DEL LIVING JUNTO A LA PORCELANA LIMOGE Y LOS RETRATOS DE FAMILIA!). BAJO LA PUERTA CERRADA, SOBRE EL FELPUDO DE YUTE, ZAPATOS DE NIÑO AÚN SIN ESTRENAR, ESPERAN SIN ATREVERSE A ...

- ¡Taco y punta, gota a gota, lentamente ...! – Dicen que dicen, o al menos es lo que recuerdo o tal vez me hayan contado con las canciones de cuna que me cantaban.

- ¡Taco y punta, gota a gota, lentamente, con cuidado y en silencio! - Agregan otros tantos, aunque quisiera saber: ¿No he sido yo la loza de la abuela contra el empedrado?¿ Entonces quién?. ¿No he sido yo el pañuelo de mi madre en la alcantarilla o sus lentes de carey marrón rodando por la escalera? ¿ Entonces quién?. ¿No he sido yo el que aullaba de frío junto a las chimeneas de las fábricas aun en pleno verano?¿ Entonces quién?

- ¡Taco y punta, gota a gota, lentamente, con cuidado y en silencio que las manos del hombre fueron soñadas para arrancar de cuajo un árbol, para empuñar un arma, para blandir una poronga bien machaza o tocar el primer culo que nos guiñe un ojo y no para detenerse a hacer preguntas! Afirman los que quedan. Yo, a decir verdad, a veces querría dárselas de comer a algún perro o pájaro vagabundo porque esas mismas manos ni siquiera alcanzan para cubrirme el rostro.

miércoles 26 de septiembre de 2007

PUNTOS SUSPENSIVOS

Mariel Schmiegelow

Tus palabras y tu voz

Espacio de vibración



Tejido y territorio,

Ahí

Ahí

Dentro en ellas el vacío nunca



Asciendes por la exclamación

Resbalas por la pregunta

Saltas sobre las piedras negras de los puntos en suspenso

jueves 13 de septiembre de 2007

LA BATALLA FINAL

LA BATALLA FINAL

Marta Rojzman

la batalla final con las gramáticas,
la perderé,
con toda seguridad,
el día en que me muera
de una vez.

se lanzarán
contra mí
legiones de adjetivos
furiosos,
querrán destrozarme
los adverbios olvidados,
los verbos perros ladrarán.

¿me arrastraré
gimiendo gerundios
o sabré mantener
la pavorosa dignidad
del número plural?

como testamento,
si de últimos días se tratara,
le dejaría a nuria
las sustantivas claridades,
a juan, todos los verbos el verbo,
a violeta, los signos
que ella ama.

a mis amigos,
les dejaría el amor por
los lenguajes.
a todos los hombres
que amo y que amé,
les dejaría
las palabras
oscuras del amor.

la batalla final
está lejana,
ya voy a perderla,
pero todavía no
es el segundo preciso.
ahora, estoy aquí,
en esta húmeda buenos aires,
feliz por los caminos,
con tantos perfumes sensuales
como puedo.

domingo 9 de septiembre de 2007

El reflejo de un canalla

El reflejo de un canalla

(Poema en el baño de mi casa)

Juan Marcelo Warijchuk

Mirándose en el espejo

vio la cara de un canalla

un ruin torturador, esta vez torturado

por su propia imagen.

Su dolor, sus ganas de morirse en ese instante

los aullidos de los lobos,

su arrepentimiento

que cuelga de una percha junto a su traje negro,

su destino marcado por el odio

y la música clásica, que suena en ese raro aparato moderno.

Una luz, un suspiro,

un deseo irrefrenable de volver al antes del antes

y corregir lo incorregible, lo detestable,

lo imperfecto en un segundo de locura

y su doble, ahí, en ese espejo,

riéndose de su sufrimiento*


viernes 17 de agosto de 2007

DIANA BELLESSI

entrevista : Alicia Digón

Llegar al corazón del otro

Hablar con Diana sobre poesía fue como entrar en el misterio que guarda el agua. En ese decir de la cadencia popular que tiene una asamblea, una cancha de fútbol, en la inocencia del bombo en un piquete. En la dialéctica de un erotismo con indicios mágicos.
En algún lugar dice que a los trece años, cuando le preguntaban quién era, decía con arrogancia de adolescente “una poeta”, y como el juego circular de Pigmalión fue eso: Poeta

¿ Se lee poesía, Diana, la gente más joven lee poesía?

Sin duda. Estos últimos años tuve la suerte de ser publicada por editoriales con capacidad distributiva; por lo tanto, cuando sale un libro tiene la misma tirada que una novela de autor nacional, y el libro se vende y se agota. ¿Por qué sucede esto? Porque el libro está en las librerías. Los medios especializados le otorgan algún lugar y el lector se entera de su existencia. Hablamos por supuesto de estos abismos: en un país de 35 millones de habitantes, tiradas de 1000 o 2000 ejemplares tienen oportunidad de juntarse con sus lectores. .

Si queremos detenernos en este punto -la poesía se lee o no se lee, se vende o no se vende- te diría que no es un problema de la poesía, sino de la sociedad entera. Vivimos en un país empobrecido, con una educación deteriorada, con una industria que llegó al raso de la nada, en consecuencia, la relación de la mayoría de la gente con el libro pasó a ser cada vez más escasa, en cualquiera de sus géneros de expresión; sumémosle a ello que las editoriales han dejado de incluir a la poesía en sus catálogos, y aún así, en los pequeños emprendimientos independientes, ella goza de la mejor salud.

Los jóvenes leen poesía como siempre lo hicieron, no de manera masiva, pero creo que la mayoría de la gente está conectada con el género a través de la canción popular y su letra, prima hermana de la poesía; así el verso circula entre la gente, incluso más que la narrativa. Es raro que haya una reunión o una fiesta donde alguien no diga unos versos; en la cancha de fútbol se cantan versos, en las movilizaciones sociales, en las murgas y en las fiestas populares. Entonces, si salimos del canon más formal, yo te diría que la poesía es el más popular de los géneros.

¿Qué se te ocurre en relación a esto de la “dilución” de los géneros?

El siglo XX intentó derribar la frontera entre los géneros y muchos hallazgos provienen de allí; personalmente, no obstante, sigo creyendo en ellos. Un poema se caracteriza por ser un cuerpo pequeño, de gran poder significante. No tiende a desplegarse, sino a concentrarse. Se articula en una organización rítmica que es fundamental aunque no sea de versificación cerrada, cualquier gran poema tiene una propuesta rítmica y esto es parte del sentido del poema; por nombrar sólo algunas cosas, podría mencionar muchas otras leyes que rigen el género y que hacen del género lo que es. Es posible encontrar alguno de estos elementos en la prosa, pero nunca estarán configurados de la misma manera; así como hablamos de la capacidad narrativa de ciertos poemas, y no por eso se convierten en un cuento o en una novela. Se habla de “poéticas” de la prosa, pero no pueden homologarse a la realidad constitutiva de un poema.

¿Cómo ves el tema de las editoriales y la poesía?

Como ya lo dije, las grandes editoriales sacaron a la poesía de sus catálogos –también al cuento y al teatro- desde hace años. Sin embargo, quebrando los monopolios globalizadores de la industria, puede observarse la lenta reaparición de editoriales regionales con capacidad de producir y distribuir sus libros, y con catálogos inteligentes que vuelven a incluirla. Y no debemos olvidar que las pequeñísimas y activas editoriales independientes, especializadas en publicar poesía, han sido y siguen siendo las auténticas heroínas de esta historia, sosteniendo por décadas la producción y distribución de algunos de los mejores libros de la literatura argentina.

Justamente Diana, me parece que sos una de las poetas más leídas, más editadas y conocidas en este momento. Esto va como apreciación personal y de algunos otros lectores, especialmente jóvenes, ¿no?

Bueno.... yo no sé si es cierto, ojalá lo fuera, pero lo que sí puedo decirte es que el intento incesante que ha regido mi escritura, en la precisión del oficio, ha sido ponerme en contacto con mis propias ideas y emociones; y después siempre tengo el anhelo de llegar con lo que hago al corazón de otro. Ese es un misterio que se repone siempre. ¿Qué quiere uno cuando lee? Me parece que uno quiere emocionarse de algún modo y pensar ¿no?; ser arrasado y ver de otra manera el mundo. El autor, que es siempre primero un lector, quizás anhele que algo similar le suceda a su lector cuando se encuentre con lo que él escribe.

¿Cómo es, cómo se desarrolla la, digamos, “cocina” de tu escritura?

Creo que todos los caminos conducen a Roma, pero en mi caso un poema nace entero. La estructura central de un poema empieza y termina de un saque. Después puedo utilizar mucho tiempo en trabajar minucias dentro del poema. La filigrana interna. La observancia de pequeñas precisiones. En ese mismo proceso pueden suceder “accidentes”, accidentes de sentido que no son fenómenos de racionalización, sino lo contrario, y que a veces uno abraza. Es un proceso lento, hasta que se fija, se estabiliza la versión definitiva de un poema. Esta es una tarea en pequeña escala, porque lo primero, el sentido central del poema, la estructura rítmica, la acentuación, el color de la sintaxis, nacen de entrada. Y este nacimiento misterioso proviene de un estado de atención hacia algo interno y externo al mismo tiempo.

Me parece que en esa atención y conexión, en ese quedarse a solas aún cuando se esté acompañado, en ese paulatino silenciamiento de un ruido alienante, donde algo cree oírse al fin, surgen los versos... Algo externo puede ser cualquier cosa. Un pajarito que canta, una noticia en la radio, una conversación en la esquina. Yo me siento hondamente atada al mundo externo. La observación de algo que viene de afuera y ahí se engancha o amplifica con algo propio para dar nacimiento al poema. Aquello que funda el poema genera el primer verso con su marca de entrada, y desde entonces despliega orgánicamente su partitura.

¿Cómo fue tu adolescencia?

Incómoda y rebelde; signada por muchas diferencias en una sociedad muy pacata. Era arduo conservarse a uno mismo, eso te va poniendo hostil, sucia, fea y mala en algún sentido. Fui una poeta adolescente. Decía de mí misma con arrogancia que era una poeta ya a los trece años. La escritura, el arte en general, salvó mi vida.

¿Cuándo viniste a Buenos Aires?

Yo viajaba a Buenos Aires. Nací en el campo, en una chacrita. Pasé mi infancia allí, parte de mi adolescencia en las lindes de ese campo, o sea que hice la primaria en una escuelita rural. Luego la secundaria, -la primera en mi familia que llegó a la secundaria- en la estatal de una ciudad vecina. Más tarde empecé a estudiar Filosofía en Rosario, y en ese período viajaba de tanto en tanto a Buenos Aires. Después tomé una mochila y me fui andando por todo el continente. Cuando volví de ese viaje viví en Buenos Aires en los años de fuego, en una pensión del barrio de Constitución, luego en Fuerte Apache como okupa y, durante la dictadura, en una islita del Delta. Así que volví a Buenos Aires después de Malvinas.


Trabajar en cárceles, en psiquiátricos, esto de haber estado tan cerca del dolor, ¿Cómo sentías ese “dar como poeta”?

Yo más bien siempre sentí que recibía. O era un darse mutuamente. Quizás administraba esa manera de darnos mutuamente ¿no?

Haciendo un recorrido por tu obra, hay en “Variaciones de la luz” algunas diferencias con el resto, ¿es así? O parece que las hubiera.

Hay algunas diferencias, sí; en primer lugar porque respondiendo a las características de esa colección, hay allí poemas de dos libros inéditos en los cuales estoy trabajando todavía. Cualquiera que haga una lectura de lo que he escrito sabe que soy una hija de la tradición de ruptura. Ahora bien, en la década de los ochenta empecé a dar clases en la escuela de autores e intérpretes de Sadaic y trabé una relación intensa con músicos que estaban escribiendo sus canciones. Ese contacto con la letra de la canción popular inició lentamente un camino de transformaciones en mi escritura. Por un lado despertó la memoria afectiva de algo profundamente enraizado en la infancia: la copla popular escuchada en los galpones, cuando toda mi familia laburaba en las cosechas junto con los trabajadores golondrinas que venían del norte del país. Por el otro, la letra de una canción debe corresponderse con la música, en duración y acentuación, así que dar clases me llevó a revisar la historia de la tradición de versificación de la lengua castellana en sus grandes poetas. Y mi poesía empezó también a cambiar. Escribí un libro que se llama Sur donde practico, como una niñita jugando en un arenero, versificaciones del llamado arte menor, octosílabos, heptasílabos con acentuaciones fijas; aunque fuera una práctica con muchas licencias, empezás a querer la jaula, sentís que en ella a veces se canta mejor.

En consecuencia fui siendo más y más amorosamente canibalizada por esto. Se advierte luego en el libro La edad dorada y también en Mate cocido donde tuve la ilusión de que volvía a casa, a mi clase de origen a través de una peculiar rememoración sintáctica y tonal. El juego continúa pero se abraza ahora con el Renacimiento y el Barroco.

Me dijiste con una entonación especial “Soy hija de la ruptura”, ¿qué quiere decir esto?

Quiere decir que desde la adolescencia leí a los románticos ingleses y alemanes, a Verlaine, a Rimbaud, a Whitman, a Martí; es decir la tradición de ruptura. Y en la escritura practiqué por años sólo el verso libre. Creo que las vanguardias del siglo veinte, que en muchos aspectos fueron extraordinarias, llegaron también al umbral de pulverizarlo todo; y pienso que los hijos de la tradición de vanguardia quizás necesitemos tender el sedazo para ver qué hay detrás, es decir, en qué tradición o historia larga de la poesía abrevó la vanguardia, y es también nuestra casa.

¿Cómo es rearmarse en “esta tradición” y qué poetas lo estarían haciendo?

Homero, Virgilio, Dante, Garcilaso, y todo el siglo de oro fueron leídos por los modernistas y por los que rompieron con el modernismo; incluso Pound y Elliot, y leyéndolos se está leyendo la historia de la poesía. Como en la arena local sucede al leer a Ricardo Molinari por ejemplo. Esto se advierte en los poetas de mi propia generación, y paulatinamente entre los más jóvenes también, donde además algo extraordinario ha venido sucediendo: creo que a veces con dolor, a veces con cinismo, hubo un religarse con la gente, se alejaron del laboratorio letrado para hundirse en lo que estaba sucediendo en el país; eso estalló en la poesía; y en esa turbulencia se vuelve bárbara y se afina; sí, se vuelve bárbara y se afina.

jueves 9 de agosto de 2007

Un amigo de la www, el Dr. Christopher Rollason, nos envía una colaboración. Un análisis de un cuento de Julio Cortázar y sus implicancias actuales, en la era de la red.

domingo 5 de agosto de 2007

HABLEMOS DEL SILENCIO

Jonás Braguinsky


Cómo escribir

Una poesía

Que hable

Del silencio

Cómo decirlo

Con palabras

Que resuenen

En alguien

Por un tiempo

El silencio

Y los ruídos

De los días

El silencio

Y la mirada

Que se pierden

Y la ausencia

En la distancia

El silencio

y las manos

Del amor

El silencio

Y el nacimiento

De todas

Las preguntas

El silencio

que se alimenta

De silencio

Como el mar

Que se vuelve mar

En el seno del mar.



lunes 30 de julio de 2007

¿NUEVAS TECNOLOGÍAS, NUEVAS FORMAS NARRATIVAS?


MARTA ROJZMAN

Este artículo es una primera aproximación a una de las áreas de impacto de las nuevas tecnologías en las formas narrativas. Examinaremos otras áreas en futuras entregas.

Acceso a la blogósfera.

Cada vez que hay un cambio tecnológico, induce transformaciones en esferas de producción simbólica. No se sabe si se puede elevar esta observación a ley general histórica, pero se observa la recurrencia de modificaciones en las formas narrativas cuando cambian los instrumentos que se usan para darlas a luz.

Ahora, iniciado el 2007, tenemos en pleno auge el fenómeno emergente de la blogósfera. Cualquiera tiene la posibilidad de abrir un blog con nulos o escasos conocimientos en materia de informática digital. Internet es ahora un territorio abierto a todos, todos podemos ser "autores", publicar nuestras ideas, dar a conocer productos terminados o pensamientos a medio cocinar. Podemos agregar fotos, imágenes de cualquier tipo, música, conectarnos con otros blogs. Hay una serie de posibilidades no tan nuevas, pero ahora en constante aumento y utilización progresiva.

¿Qué es un blog?

Un web-log, es literalmente un lugar que habla en la red.

En lo esencial, es una especie de cuaderno de apuntes, de libreta virtual para anotar y hacer público lo que se le ocurre al dueño del blog. Mediante "posteos" cotidianos o semanales, o con cualquier frecuencia, el blogger hace saber, por intermedio de la red, en qué regiones anda. Como ya mencionamos, puede publicar sus comentarios sobre libros, sobre noticias de actualidad, sentimientos, pensamientos, fotos testimoniales o familiares, conexiones a sitios con música de su agrado.

Lo que lo diferencia de la libreta de apuntes, y la diferencia es sustancial, es que los posteos están abiertos al público infinito de la red. En un momento pueden ser pensados como diarios íntimos no tan íntimos. Nos provocan sensaciones mezcladas como cuando leíamos publicado el "oficio de vivir" de Cesare Pavese, con esa incomodidad y curiosidad que proporciona ser conciente de que ese material no lo pensó el autor para ser publicado.

En el caso del blog es justo al revés, el autor quiere exhibir lo crudo y lo cocido, quizá una celebración de una conversación con desconocidos o con amigos que también intervienen.

Porque la mayoría de los blogs tienen habilitado un espacio para la intervención de los lectores.

¿Cómo participan los lectores?

Algunos bloggers "editan" las respuestas de los lectores, establecen filtros y eligen qué saldrá al aire. Otros no, dejan actuar todo lo que entra. Hay gran cantidad de insultos gruesos en las respuestas, amparados en el anonimato que dan la red y sus "nicks" (nombres de fantasía para intervenir).

La red, la bendita "güeb", es efectivamente el lugar del anonimato por excelencia. La tímida respuesta de una señorita de Chascomús, ruborizada hasta la nuca por su atrevimiento, en realidad puede ocultar las ideas de un robusto kinesiólogo de origen finlandés sin un pelín de rubores en las barbudas mejillas.

No todo es insulto en estas viñas del blog. También hay sesudos intercambios de opiniones sobre temas interesantes para una gran cantidad de personas. Se publican debates sobre temas de actualidad, cada tanto hay uno que enciende el espacio virtual, con denuncias sobre plagios y otras lindezas. El tufillo a escándalo atrae, uno se acostumbra a husmear en los blogs en los que se comentan crímenes y desfalcos intelectuales porque puede ver las distintas posiciones sobre temas de interés.

También habrá blogs acerca de crímenes reales, con cadáveres exhibidos y pormenores de los juicios a los culpables, con el agregado de las consabidas opiniones morales o moralizantes y enumeraciones de listas de pecados sin demasiado rigor teológico.

¿No tendrá límites la expansión de la blogósfera?

No podemos aventurarnos en predicciones futurológicas, pero nos inclinamos a pensar en una especie de equilibrio de autosustentación. Se abren muchos blogs nuevos por día, por ahora el número crece en cantidades asombrosas. Pero también empezaron a cerrarse los blogs no concurridos, no interesantes, aquellos que sus autores dejaron caer sin postear nuevas intervenciones.

Los photologs

Una manera de compartir noticias fotográficas con amigos y desconocidos de la red es la también proliferante escena de los fotologs. Ahí las posibilidades de diálogo con gente distante se estrecha y a la vez son sorprendentes los ecos en lugares cercanos o lejanos del globo. Cantantes no demasiado conocidos, actores con escasa difusión en el mundo "real" encuentran posibilidad de difusión y eco para sus actividades que se amplifican de esa manera en el espacio virtual.

Por ahora aumentan y también se cierran o caen en desuso, igual que los blogs.

Novelistas que publican en forma de blog

Voy a apuntar algunas novelas encontradas en la red para ayudar a la comprensión de estos espacios narrativos de un género ya tradicional como la novela, pero en la red, con la posibilidad de tener solo texto, texto e imágenes, conexiones con otros novelistas, participación de los lectores en el cambio de la trama o en la creación de personajes.

Vayan a título de ejemplo:

365 - Novela Blog.

http://mujergorda.bitacoras.com

La lista es inmensa, navegue y descubra, intérnese en los links, piérdase.

Lo que parece un hallazgo es la posibilidad de participar en la elaboración de la novela de otro.

¿Cambia el concepto de "autor"?

¿Cambian las formas de narrar?

Y si, cambia.

Se insinúan nuevas líneas, se destaca otro tipo de lenguaje más suelto, quedan más a la vista los entretelones narrativos, los hilvanes, las formas de funcionar de una individualidad "colectiva".

La creación de "colectivos" de producción artística no es para nada nueva, ni tiene que ver con las nuevas tecnologías. Fue de uso frecuente, aceptado y difundido en el Renacimiento, en los talleres en los que se "fabricaban" las obras de arte plásticas más conocidas. La mano del "maestro", del "dueño" del taller era pregnante, pero los discípulos terminaban, ampliaban, intervenían. Las obras como las conocemos hoy fueron producto de un taller "colectivo".

Lo que cambia con las formas nuevas de literatura en la red es la posibilidad de la participación anónima, en algunos casos abre riquezas, en otros casos, bastardea. No había discípulo "anónimo", ahora si puede haberlo, hablemos más bien de participante, de posteador.

Hay blogs colectivos por definición.

Por ejemplo http://www.elboomeran.com/, que se autotitula "blog literario latinoamericano". Está mantenido por Santiago Roncagliolo y Marcelo Figueras. En realidad es un blog de editorial Alfaguara y "los dos cobran un sueldo por escribir allí" (según menciona Diego Erlan en su interesante artículo sobre blogs en la revista "eñe" del 30 de diciembre de 2006).

Blogs con existencia en los diarios de la red

Prácticamente todos los diarios que tienen versiones en la red, tienen blogs de comentarios a cargo de periodistas e intelectuales pagos a tal efecto. Se pueden recorrer las páginas de los blogs en clarin, el país, le monde, new york times, la lista es interminable. Y contiene cataratas de blogs sobre diversos temas, también sobre literatura, los crímenes más apasionantes del momento. Quizá sean un desarrollo de lo que hasta hace poco figuraba en la red bajo el nombre de foros.

Algunas preguntas (respuestas abiertas)

¿Todos podemos ser autores?

¿Un blog es una especie de diario íntimo público?

¿Todas las participaciones tienen valor?

¿Cambió el lenguaje o está en proceso? ¿La forma borrador adoptará forma definitiva?

¿Podríamos hablar de una Individualidad colectiva?

¿Se trataría de un tipo de narración literaria, periodística, coloquial? ¿Se confunden todas las tipologías o es que ya no importa la diferencia?

Finalmente

Vamos a contribuir desde este papel real a la bola de nieve virtual con estas recomendaciones sobre sitios de blogs acerca de literatura argentina. Recomendamos seguir los links que abren nuevas posibilidades de lectura.

En desorden, como corresponde, aquí van:

el remisero absoluto

el señor de abajo

charlotte papers

nacion apache

milanesa con papas, mandarinas,

wimbledon

y muchos más.

Feliz navegación.

Marta Rojzman

martaroman@gmail.com


domingo 15 de julio de 2007

TERATOS

(CORTOMETRAJE)

Alicia Leonor Orlando

Escenografía de grano grueso y tono sepia, clima de barriobajero mal iluminado, esquina de cemento, graffitis, un bar con puerta de vaivén. El inquietante cartel con la inscripción Teratos va bien con el lugar. La cámara enfoca el perfil de un músico y su fuelle, las mesas, barajas, una pulseada, generala, se escuchan voces, una entona la letra del tango que ejecuta el fuelle …río sin desvío donde sufre la ciudad…¿Qué triste palidez tienen sus luces…

Ahí nomás, una escalera de caracol con peldaños mezquinos. La cámara va subiendo, como si subiera alguien.

Arriba una pieza, cortina de ventana meciéndose. Por ahí entran infinitos puntos de luz, resbalan sobre una cama turca destartalada, sobre un cuerpo adolescente, sobre pezones de aureolas rosadas, sobre un pubis. La luz resbala por la gomita roja en el brillo del pelo, por el khol negro alrededor de los ojos, por una pulsera de tachas y uñas barniz rojo rabioso, sobre una jeringa y la aguja que entra en la vena. El cuerpo se agita, la respiración se corta en flashes distorsionados. La historia no gana palabras, sí una angustia creciente expresada

por otro tango a través de la pared:…es hora de enfrentar coraje para iniciar un largo viaje, en un paisaje gris…

Abajo, un motor fundido o casi, tira cambios en la trama. Un hombre manco, pelo con raya desdibujada al medio, ojos bordeados por ojeras, un actor conocido, de los que saben componer personajes impiadosos, hasta crueles, podría decirse arltianos, baja del coche, enciende un Malboro. Empuja la puerta de vaivén con la rodilla. Llega la voz apagada, pero a la vez irónica, de un tipo sentado cerca de la entrada: - El gato anda buscando presa - Nadie levanta la vista, como si no fuera bueno prestarle la mirada. El encargado, le sirve whisky. El manco, vaso en mano, sube la escalera. El ascenso le provoca agitación asmática, un lado de la cara se contrae al contacto del humo del tabaco.

Arríba, empuja con la rodilla la puerta, entra, en un plano espiche la adolescente da una ojeada, se nota que tarda en comprender que esa cara le es conocida. La utilización de otro plano lleva al hombre hacia la zona de luz, sobre los muslos firmes de ella. La da vuelta, mira su mirada perdida de mil y una noches, le acaricia el vientre.- Linda piel- dice. La cubre con el humo del
Malboro, con el muñón le corre las piernas. Se sienta en el borde de la cama, se la oye crujir. Confusa y desequilibrada la chica trata de incorporarse.

- Trajiste, Pedro, trajiste -

- Vos sabés que hay tiempo, no seas impaciente, hay tiempo.- le contesta, mientras acaricia su pelo y dice que es una chica con suerte. Ella aparta la

cabeza, pregunta qué música es aquélla. Pedro no responde, pasa el muñón por

el tatuaje que ella tiene en el hombro. Le sujeta una mano, la lleva hasta su entrepierna, suficiente para desencadenar una respuesta en la bragueta. Sin dejar de pasar la mano, le hunde la cara en el pelo, en el cuello. Lame el lóbulo de la oreja, las inmediaciones de los labios, los quiere besar. Ella se resiste, Pedro le pregunta qué prefiere, entre qué y qué, al oído. Ella pide algo que no se entiende. El recorre el dulce perfil de los pezones, se aproxima al reducido vellón del pubis y se separa.

La cucharita que mezcla droga con whisky carga secuencia en crípticos blancos y negros. Las uñas barniz rojo rabioso chirrían en el borde de la cama.

- Chiquita –dice el hombre. La agitación asmática, carga gangrena en la voz. – Una buena dosis vale un premio – Y deja el vaso en el piso.

El -¡ Dame ! – es una súplica.

- Aflojá, te vas a ir de mambo un día de estos. Ya pasaste por una sobredosis. Cuantas líneas te mandaste hoy – pregunta, mientras se saca la ropa, la tira sobre la única silla. Ella trata de alcanzar el vaso. Pedro la agarra del cuello, la inmoviliza. - No te pongas cargosa- dice mientras acomoda el cuerpo sobre el de ella. Con excitación y desesperada urgencia le exige colaborar.

- Te gusta – pregunta – Cómo no te va a gustar.

La misma secuencia se repite y la repetición es utilizada para la fuerte escena de violación. A ella las náuseas la obligan a apartar la boca con un movimiento convulsivo y la secuencia se corta abruptamente.

Abajo en el bar, la historia no gana palabras, el sonido se expresa a través de otro tango. No hay segundo sin música. La luz se centra en el bandoneón.

Arriba, la chica vuelve la cara, en el film, no se le conoce nombre, Pedro nunca llega a nombrarla. El duerme, ella lo aparta como si se deshiciera de unas garras. Los ojos de Pedro se abren ciegos, vuelven a cerrarse. Ella estira el cuerpo hacia el piso, intenta algo, todavía no se sabe qué, el deslizamiento silencioso se apodera de la acción, toma el vaso, bebe, todo es distorsión en la
mirada, que es la mirada de ella, el cuarto, la luz a través de la cortina, un coro de voces… “aquella de la que todos hablaban porque todos la encontraban al volver de madrugada/ aquella…/ se tapa los oídos, aprieta el tatuaje del hombro,

como si quisiera arrancarlo, aprieta las venas heridas, los lugares del cuerpo donde las manos de él, han dejado manchas rojas. Se repiten pantallazos.

Otra vez el deslizamiento silencioso al borde de la cama, trastabilla, va hacia la ventana, la mano del brazo con pulsera de tachas corre la cortina. Un pájaro vuela con la aceleración de la sorpresa.

- Ahora es cuando me muero- dice.

La secuencia de la movilidad es larga, semeja una imagen descolgada de un crucifijo.

Abajo la calle está vacía, salvo el coche del manco arrimado al cordón.

La cámara abandona la escena, vuelve a las mesas, las sillas, los cigarrillos, el truco de los guiños, las bebidas, algo de la Blázquez, Yo quiero ser un barrilete…

Y la palabra FIN.

viernes 6 de julio de 2007

LA VISITA

Gustavo Mario Fontana

A Horacio Quiroga

Sus ojos alumbraban la noche. Sus pupilas, exageradamente dilatadas, le permitían ver más allá de lo que ningún otro animal podría alcanzar a divisar en la penumbra de la selva. Con su andar sereno, sensual, atravesaba la cerrada vegetación casi imperceptiblemente. Se diría que sus patas no llegaban a tocar el suelo.

Pocas cosas podían hacerle temer. En la inmensidad del monte, ambiente impenetrable donde la lucha por la supervivencia era un hecho cotidiano, él era el amo. Esa autoridad fluía en su sangre así como el terror congelaba la de sus víctimas, a las que acechaba largo tiempo sin ser descubierto, sigiloso, casi a voluntad. Aunque no pudiera tomar conciencia de ello, ése era el mandato de un yaguareté.

Sólo algo lograba dominarlo, embriagándolo como los aromas de miel y azahar que brotaban de la otra orilla: la imagen de la luna llena reflejándose en el río. Podía permanecer inmóvil durante horas hechizado por ese disco de plata que inundaba la jungla con su luz, como si quisiera revelar el insondable misterio oculto bajo el follaje.

Aquella noche la luna no brillaba en el cielo, y el único movimiento que se alcanzaba a percibir era el de las aves nocturnas revoloteando entre los árboles gigantescos. Pero el yaguareté estaba inquieto, agobiado por esa atmósfera cargada de humedad. Hasta que repentinamente brotó del cielo una luna enorme, que despedía fuego por sus bordes mientras giraba sobre sí misma a una indescriptible velocidad.

Jamás había visto a la luna tan cerca de sus dominios. Entonces, por primera vez desde que había dejado de ser un cachorro sintió lo mismo que sus presas cuando intuían la presencia del yaguareté: eso era miedo.

La jungla se sacudió en medio de un rayo que incendió la vegetación más próxima al lugar, cuando el cuerpo luminoso descendió en un claro proyectando reflejos multicolores en innumerables direcciones. El yaguareté estaba aturdido por lo que sucedía frente a sus ojos. Aún dominado por el pánico, su instinto lo empujaba a seguir observando aquel espectáculo deslumbrante: ¿sería la luna que había bajado a buscarlo?

Cuando por fin amainó la tormenta desatada por el estruendoso descenso de aquella masa incandescente, una vez detenida, unas figuras luminosas surgieron de su interior. Entregadas a una hipnótica danza, como luciérnagas indiferentes, se separaron para internarse en la jungla hasta perderse de vista. De inmediato, el fulgor comenzó nuevamente a girar.

El yaguareté seguía encandilado cuando otro relámpago lo encegueció. Con el rugido de un trueno la luna de fuego se elevó y desapareció, dejando una inmensa nube de polvo tras de sí. Los animales huían despavoridos ante el caos, con sus gritos y chillidos, creando una salvaje coreografía alrededor del felino petrificado, ajeno a ese aquelarre. La primera estrella de la mañana lo encontró allí, temblando.

La luna no volvió. Pero desde entonces el yaguareté contempla el reflejo de la luna en el río con un mudo temor, desde aquel claro del monte donde un enorme círculo de tierra quemada es fiel testimonio de la visita.

Gustavo Mario Fontana

ES LA HORA Gustavo Mario Fontana


La ansiedad apura el paso. Y canta la calle:

Vamos señores, de a uno, con la entrada en la mano.

¡Hay gorro’, bandera’ y vincha’!

— ¿Tiene dié’ pa’ la entrada, maestro?

Mientras tanto, las manos del policía no se enteraron que el partido está por empezar y siguen palpando, sin saber en realidad qué es lo que buscan. Junto a las vallas, un cementerio de encendedores y pilas va creciendo proporcionalmente a la seguridad de árbitros y jugadores visitantes.

Pasamos los molinetes. ¡Adentro, por fin! Al subir la escalera parece interminable, y el corazón bate el parche enfundado en los trapos amados hasta que, ya casi sin aliento, uno se asoma por la boca de la tribuna y un escándalo de colores le estalla en la cara…

— ¡Es la hora, es la hora / es la hora de ganar…!—. La música de las tribunas nos acuna en una danza frenética entre papeles y serpentinas. Las banderas entonan al viento el discurso de la pasión. El sol es un artista regando el césped con reflejos irisados, aunque algunas nubes quieran amenazarlo con robarle protagonismo.

Pero el gran momento se acerca. Saltan al campo los once bravos, los héroes de mil batallas, los gladiadores que defenderán la camiseta entregando hasta la vida de ser necesario… ¡o que se vayan y no roben más!

Hasta que llega el instante esperado. Los relojes se paran, la respiración se corta, sólo se escucha el silbato del juez y parece que el mundo dejara de girar. La pelota está en movimiento, otra vez la esperanza de un triunfo, un grito de gol, un domingo de fútbol.